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Entrevistas La longeva travesía artística y contestataria del escultor Víctor Delfín.

El Rebelde Autodidacta

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Delfín nació en Lobitos, hijo de judío sefardita e india de Sechura. 83 años nadando contra la corriente.

El escultor Víctor Delfín (83), y le llamo escultor porque es ésta la faceta artística que más le ha rendido económicamente y a través de la cual es conocido mundialmente, es hoy un hombre lleno de rebeldías, ya que éstas salen a flote al asomarse él a los recuerdos de su vida. Otea en lontananza y se ve a sí mismo de niño vendiendo chicles por las calles o descalzo trabajando en una zafra o comiéndose de rabia los puños para poder soportar las punzadas del hambre. Y también se ve dibujando y pintando (facetas éstas que la gente conoce menos) y abriéndose camino en la vida artística hasta que, académico de Bellas Artes en Ayacucho, tropieza con los retablos típicos de la zona que él acaba traduciéndolos escultóricamente, teniendo un éxito tan fuera de lo común que en un año se hace rico y se compra esa gran finca en Barranco, al lado del mar, donde vive rodeado de vida, de compañía grata (femenina sobre todo), de imaginación y de fantasmas, cuando tiene necesidad de ellos y la nostalgia lo acucia. Autodidacta puro, es un hombre muy cultivado, ya que no hay día que deje de leer y releer a los grandes autores de hoy y de siempre a los cuales adora y se extasia con ellos. Esa dicotomía de vida en la que se ha movido, pobreza y riqueza, ha hecho de él un ácrata y un soñador de mundos nuevos y edénicos en los cuales la libertad reina y la compulsión es desterrada para siempre. Ahora, en el restaurante Costa Verde, almorzamos muy amistosamente, dejando que se nos caiga la noche, ya que el placer de la conversación y la locuacidad de Víctor Delfín no tienen dónde acabar. Veamos lo que cuenta este hombre que, a sus años, se siente ya por encima del bien y del mal y en el fondo de su corazón se ha puesto al mundo por montera.

–Cuénteme sus orígenes.
–Soy hijo de Ruperto Delfín, mestizo descendiente de judíos sefarditas y de Santos Ramírez Puescas, india de Sechura. Mi padre era obrero común que acabó especializándose como perforador en la extracción de petróleo. Yo nací en Lobitos, donde funcionaba la Compañía Petrolera Lobitos, que en aquella época era regentada por los británicos y en donde trabajaba mi padre. Esto que me pregunta lo juzgo importante ya que todos los habitantes del planeta somos la consecuencia de nuestra niñez. Mi padre arreglaba las enormes varillas de acero estropeadas en la perforación del petróleo con la forja al rojo vivo y yo lo observaba. Eso hizo que supiese trabajar el metal de mis esculturas años más tarde.


 


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