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Opinión Escribe: LUIS F. JIIMENEZ

Colombia y Venezuela: Ruido y Nueces

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El encuentro fue tan cordial que Santos llegó con tardanza a cita en su embajada.

Juan Manuel Santos, Presidente Electo de Colombia por 69.5% del voto, aseguró en Lima al final de una gira relámpago que este 7 agosto asistirán a su asunción al mando todos los mandatarios de Latinoamérica menos tres. CARETAS le preguntó, sin menospreciar semejante referéndum, ¿qué hacer con Venezuela? “Hemos llegado a un punto tan bajo en nuestras relaciones que solo nos queda negociar hacia arriba” –dijo–. “Eso tiene sus ventajas”. A continuación, más referencias.

El conflicto entre Colombia y Venezuela, que se agudizó el 22 de julio pasado, es el desarrollo más reciente y grave de seis años de desencuentros entre los gobiernos de Uribe y Chávez, respectivamente.

La algarabía política y diplomática no debe hacernos perder de vista el elemento central: ¿Existen campamentos de las FARC y del ELN en territorio venezolano? Colombia afirma que sí y proporciona elementos que considera que así lo demuestran. Ante ello, solicita que se constituya una comisión independiente que verifique los extremos denunciados. Chávez respondió rompiendo relaciones con Colombia y acusando al “imperio” de estar detrás de la maniobra de Colombia para buscar una guerra en América del Sur. Otra muestra que, en la lógica de Chávez, el sentido común es el menos común de los sentidos. O una confesión tácita sobre la verdad de las denuncias colombianas.

La situación creada por el conflicto colombiano y la presencia de las FARC no sólo en Colombia, ya ha afectado seriamente la convivencia entre los Estados del norte de América del Sur. El más reciente entredicho se originó en la existencia de un campamento de ese grupo irregular en Ecuador, lo cual provocó la incursión del ejército colombiano para dar muerte a un alto dirigente de las FARC de cuya computadora portátil parecen haberse originado algunas de las informaciones que hoy apuntan hacia campamentos en Venezuela. Las graves tensiones generadas por esta incursión están aún vigentes en las relaciones de Ecuador con Colombia. La condena de esta incursión colombiana en una reunión especial de la Organización de los Estados Americanos debe haber sido un elemento que pesó en la decisión de Colombia de acudir a la OEA para denunciar la existencia de campamentos en Venezuela y no pasar a la acción militar directa.

Siendo una guerra impensable, se trata de salvarle la cara.

La estatura de la OEA, sin embargo, se encuentra muy disminuida como para intervenir en un incidente tan espinoso. El enredo diplomático originado en la convocatoria del Consejo Permanente ha salpicado a diversos actores, entre los cuales se halla el embajador de Ecuador ante el organismo que presidía el Consejo Permanente y que fue instruido por su gobierno para que efectuara algo imposible: dilatar la convocatoria solicitada por Colombia. Ante ello, el embajador optó por renunciar. Otro afectado fue el Secretario General, José Miguel Insulza, acusado de no haberse opuesto a esa convocatoria. Acusaciones que revelan una profunda ignorancia sobre los mecanismos de operación de estos organismos.

Ante este desgaste de la OEA, Chávez y otros han pensado recurrir a la Unasur, en cuyo seno se están realizando las consultas que le permitan superar el entredicho. Es el primer conflicto en el que le tocaría actuar a su flamante Secretario General, Néstor Kirchner, ex presidente de Argentina, quien no solo nunca se ocupó de manera preferente de las relaciones internacionales sino que es considerado como alguien especializado en crear conflictos y no en resolverlos. Y este es un conflicto de muy difícil solución, pues pasa por remover los campamentos de los grupos armados irregulares que puedan existir en Venezuela y que están provocando bajas constantes en las Fuerzas Armadas colombianas.

Quizá la decisión del presidente Uribe de incrementar fuertemente la presión sobre Chávez podría ser utilizada por el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos, para buscar un relajamiento de las tensiones con Venezuela cuando asuma la Presidencia el 7 de agosto... a cambio de la discreta y paulatina expulsión de los campamentos guerrilleros de Venezuela. A menos que las FARC conozcan secretos que Chávez no quiera ver divulgados. (Escribe: Luis F. Jiménez)


 


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