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Libro Luego de diez años de obstinado asedio, aparece la biografía del vate de Laredo que se fue demasiado pronto. Aquí un fragmento.

Nuevas Lecturas de José Watanabe

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Watanabe en 1989. Con la presentación de la obra, ha brá un homenaje al vate el jueves 12 a las 7 p.m. en el Jazz Zone de Miraflores. Participan Eduardo Chirinos, Carlos Gassols y Rafo Ráez. Ingreso libre.

En Trujillo, José ingresó a estudiar la secundaria en el colegio San Juan. A esta escuela, ubicada en un jirón cercano a la casa de los Watanabe, se entraba a través de unos portones que llevaban a un zaguán y luego a otro portón, y después al gran patio central circundado por veintinueve arcos. En la segunda planta, en las aulas de techos altos con pisos de madera y ventanales tan grandes como puertas, unos larguísimos pizarrones verdes cubrían las paredes de adobe. En estas aulas, José fue el primero de sus hermanos en alcanzar la instrucción secundaria. Otra había sido, por ejemplo, la suerte de su hermana Dora, la mayor, a quien Watanabe dedicaría varios de sus versos. Había sido José, precisamente, el encargado de ir a vender el uniforme escolar de Dora, en Laredo, cuando la lotería aún no asomaba. Un día de vacaciones, José vio a su madre limpiando la boina y planchando la falda plisada de lana negra y la blusa blanca del uniforme. Era pleno verano y Paula había tenido que vender el traje a una amiga que sí podía costear los estudios secundarios de su hija en el Colegio Santa Rosa de las madres dominicas en Trujillo. José fue el responsable de hacer la entrega y salió de su casa con el uniforme sobre sus brazos, yendo cuidadosamente por las calles de tierra de la hacienda, sintiéndose culpable y oyendo recriminaciones hasta en los ladridos de los perros.

“Eso es… terrible. Eso quedó como una experiencia traumática para mí”, me dice Watanabe y asegura que nunca podría escribir un poema al respecto. “Siempre he tratado, pero la carga emocional de ese poema me friega mucho, y sería un poema demasiado narrativo para que se entienda. Pero eso ya te lo he contado, ¿no? ¿Está grabado? Terrible… esa experiencia para mí… no la puedo olvidar. Ahora, siento que mi hermana es feliz, a pesar de no haberse casado, a pesar de salir poco, a pesar… Ha criado a los sobrinos, ha criado a mi hija mayor. Y yo le pregunto: “Oye, ¿tú te sientes frustrada?”. “No, me siento contenta. ¿Por qué me voy a sentir frustrada?”. Aquí hablamos bien abiertamente de todo”.


 


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