miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2141

05/Ago/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre JusticiaVER
Acceso libre PérdidasVER
Acceso libre Derechos HumanosVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Concurso Jorge ChávezVER
Acceso libre Premios "Doris Gibson"VER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre EcuadorVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Pérdidas Todos los miembros de Torre Tagle que pasaron por esa embajada no la olvidan.

Charito (1922-2010)

Ampliar imagen

Silueta de sirena décadas antes de enfrentar el mar de Punta Rocas.

La última vez que Charito se dio un verdadero chapuzón fue en Punta Rocas; no tenía ropa de baño y estaba en silla de ruedas.

Con su sobrino Percy Enrique Gibson y Tencha Villavicencio había decidido acercarse al mar después de una rociada merienda al borde de la carretera, y ella pidió instalarse en la playa, librándose del vestido y quedando en fustán.

Y así estaban todos muy contentos cuando el mar de Punta Rocas mostró su temperamento, una ola pasó los límites y comenzó a llevarse a la señora con silla y todo.

Participó alarmada en el rescate una pareja nisei que pescaba allí cerca, y la que realmente se divirtió con el incidente fue Charito, quien quedó tendida en la arena riendo de felicidad.

Esta semana, sin embargo, la ola del destino sí se llevó a Rosario Gibson Parra del Riego a los 87 años.

Su salud sufría más de un achaque desde hacía cierto tiempo, pero todo fue tan rápido que lo que resuena ahora es el eco nítido de su cariño, su alegría, su voz y su tenaz juventud.

Parte de nueve hermanos, ésta era la benjamina que retornó para vivir sus últimos años con Doris Gibson.

En 1936, las “chicas Gibson”, que entonces eran Mercedes, Marcela, Martha, Anita y Charo, habían vuelto de pasar unos años en Europa, algunas como pupilas de internados y otras absorbiendo energía cultural en Inglaterra, Francia y España, gracias a la vocación y los recursos con que contaban entonces el poeta arequipeño Percy Gibson Moller y su mujer Mercedes Parra del Riego.

Ampliar imagen

Su memorable imitación de Betty Boop y su participación en la opereta ‘Costa, Sierra y Selva’.

Y mientras en Europa estallaba la Guerra Civil Española y después la Segunda Guerra Mundial, en Lima estas aggiornadas y estupendas Gibson, con su hermano el dramaturgo Percy, y sin duda Doris y también Jorge, formaron parte de un despertar escénico que condujo a la creación de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) y a una secuencia de actividades que no pocas veces se tradujo en zarzuelas y musicales.

Charo, al cumplir los 18 años, se hizo famosa con una interpretación de Betty Boop, la coqueta del primer dibujo animado sexy de la serie Terrytoons. Betty Boop dejaba a Minnie Mouse convertida en una pobre laucha.

Con Martha, que se destacaba cantando saetas andaluzas, Charo formó con Chabuca Granda un trío muy, pero muy mexicano.

Eran funciones de beneficencia, a veces en La Cabaña, en las que también se lucieron bailando swing, por ejemplo, Paco Moncloa con Aída Diez Canseco.

Charo eventualmente viajó a Chile y allí se estrenó como cantante profesional en Radio Agricultura y en el Hotel Carrera, con un repertorio que incluía canciones latinoamericanas en varios matices, norteamericanas con toques de Ella Fitzgerald, francesas con reverberaciones a lo Piaf.

Tan políglota y pluricultural era Charo que décadas después, y hasta hace unas semanas, podía hacer una imitación del ‘happy birthday, Mr. President’ que le cantó Marilyn Monroe a John Kennedy, o un “Tú me acostumbraste” de Olga Guillot, o ensayar un valse peruano con argot parisino.

En 1948, sin embargo, su carrera profesional se truncó por un instantáneo romance con Eugenio ‘Canuto’ Errázuriz.

Canuto ese año era una mezcla de príncipe azul con héroe nacional. La familia Errázuriz data del siglo XVII en Chile y a ese aristocrático antecedente se sumaba una traza de actor de cine y su participación pionera en St. Moritz como esquiador en los primeros Juegos Invernales de la post guerra.

Charo, a su vez, era una bomba que en Lima había roto corazones Graña y Prado.

Décadas después, la historia y las convulsiones matrimoniales y políticas llevan a Charo a trabajar en la Embajada del Perú en Santiago al inicio del gobierno de Allende. Y allí sirvió como singular agregado civil durante 24 años, siendo condecorada en 1997 con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos.

Todos los miembros de Torre Tagle que pasaron por la Embajada de Santiago no se olvidan de Charito, incluyendo a nuestro actual representante, Carlos Pareja.

“En 1979 llegó a Chile su amiga Chabuca Granda y Charito naturalmente organizó el agasajo”.

Un chofer chinchano de la embajada había formado un conjunto criollo, y Charo no solo lo reclutaba sino que ella hacía una demostración soberbia de marinera.

Charito fue bibliotecaria de la embajada, y daba charlas a estudiantes que la visitaban para saber del Perú. A menudo resultaba siendo la secretaria social de la misión, ya que los diplomáticos cambian pero ella se quedaba y conocía el intríngulis de la fauna local a través de los cambios traumáticos que pasó Chile.

Contó con el afecto y la confianza de embajadores tan destacados como Arturo García y García, quien prestó asistencia reservada a más de un perseguido después del golpe de Pinochet, y José Luis Bustamante y Rivero, hijo del ex Presidente.

Pareja, quien pasó a Chile después de detentar el cargo de secretario de la presidencia de Alan García, conoció a Charo en Chile cuando él era ministro consejero, pero después no fueron pocas las veces que salieron a almorzar con Doris al Café de la Paz de Miraflores.

Cuando en el 2007 CARETAS celebró su edición 2,000 en el Museo de Arte, Charito, que ya andaba con bastón, se entusiasmó tanto que abandonó todo apoyo, se puso a bailar como si fuera Ginger Rogers y por poco asume la dirección de la orquesta de Joselito.

Tenía el don más extraordinario de la danza y la música, y una manifiesta inclinación por distribuir la dicha, y al hacer esta nota queremos conservar toda la generosa lozanía que siempre preservó su espíritu.

Enrique Zileri Gibson


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista