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12/Ago/2010
 
 
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Gastronomía De exportación. Sabores y ardores de la cocina peruana en tierras del camembert y el roquefort.

La Gula Gala

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Inspirado comensal parisino degustando el contundente chupe de camarones de El Picaflor.

Atendiendo a una conversación cualquiera con cualquier peruano afincado en el exterior, no será difícil concluir que, más que en la mente o el alma, la peruanidad habita entre papilas gustativas y jugos gástricos. El estómago como epicentro de la patria. Al menos, de esta patria. El cebichito, el rico lomo saltado, el voluptuoso rocoto relleno y hasta el exuberante chupe de camarones se resisten a quedar en casa y cruzan fronteras para el alivio de propios y grata sorpresa de extraños. Como aquellos asiduos visitantes de dos de los más llamativos restaurantes peruanos en París, donde se puede saborear el fruto de ese mestizaje nuestro que el poeta Antonio Cisneros calificara en alguna oportunidad como producto de “los usos del mal amor y del buen comer”.

En pleno Barrio Latino, El Picaflor se erige como breve pero contundente representante de la gastronomía chola. Por sus pequeños ambientes han pasado figuras como Alejandro Toledo y Alan García, quien ante patriótico discurso de la chef Lourdes Centty le recomendara mejor dedicarse a la política que a la cocina: “Eres más demagoga que yo”, se le habría oído decir.


 


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