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Opinión Por RAFO LEON

Plagiando a García Márquez

XAPURI, 5 DE AGOSTO DE 2010

Hay una buena cantidad de pobladores que vieron por primera vez un vehículo motorizado en 1984. Sin piratear a García Márquez, te cuentan que conocieron el hielo con la llegada de un vendedor de curichis y marcianos por la misma época, los niños se engolosinaron con esos adoquines de agua coloreada pero la gente grande los tocaba y se desconcertaba: lo que tenían en la mano, ¿quemaba o helaba? Abraham Cardoso hoy tiene 44 años y un más que próspero complejo de empresas integradas bajo un visionario concepto de conservación del bosque. Cuando era un adolescente tenía que mudarse a Puerto Maldonado para seguir su secundaria: la faena le tomaba nueve días, caminando y ayudándose con una mula. La primera vez que vio un aparato de televisión fue en la vecina ciudad de Brasilea. Estaba apagado y se conectaba a una cosa llamada Betamax; él tenía 17 años. Su empresa hoy maneja madera certificada internacionalmente, tiene un enorme aserradero, ganado cebú; en las pozas creadas por las filtraciones naturales cría paiches y gamitanas que producen cantidades alucinantes de carne, que se vende muy bien. “La carretera, como todo, será muy buena o muy amenazante dependiendo de nosotros”. Lo dice mientras conduce un camionetón 4X4 con el que nos pasa el puesto fronterizo de Iñapari, la puerta peruana que tiene su equivalente en un tremendo portón brasileño, situado en el pueblo de Assis.

El inmenso tramo de la Interoceánica que une Cusco –desde Urcos– con Iñapari, ha sido por décadas la esperanza de muchos campesinos serranos, que incluso migraron hace cincuenta años o más a las selvas del sur esperando producir en sus chacras y sacar rápidamente los frutos por la vía soñada, sus derivados de la ganadería. En el primer gobierno de Belaunde el delirio promotor de la colonización sí que remedó a García Márquez. Gente que migró de la alturas de Cusco, Puno, Arequipa, dispuesta… a sembrar maíz en la selva. En muy poco tiempo estaba arruinada y llena de pústulas y hongos en la piel, por el clima selvático. Tenían que pasar a Assis para atenderse pues en Iñapari no había sino una cancha de grama como plaza de armas y una que otra familia de origen chocolateado –libanés con portugués con indígena con brasileño con cusqueño– que había decidido quedarse aun después de la catástrofe que representó la crisis del caucho, en los años treinta del siglo que pasó. La carretera, un mito, ya ni siquiera una expectativa.

La manera como Cardoso plantea el tema me parece novedosa, comprometida. Cuando habla de los riesgos de la carretera no exige que el Estado prohíba o regule las olas migratorias, algo que ni los gringos pueden hacer. Él habla como un sujeto involucrado, todo Madre de Dios, todo Cusco, necesita esa carretera, “pero también necesitamos organizarnos y planificar nuestro propio desarrollo, y este está en la protección del bosque”. Con la pista se puede pensar en sacar madera con valor agregado y no solamente troncos finísimos que hoy se venden a precio de huevo y salen mediante un sistema corrupto cimentado en el tráfico de permisos del ex Inrena y mafias de taladores ilegales.

El turismo se vuelve también una actividad muy promisoria y ya hay iniciativas privadas y públicas en los dos países para crear un corredor que ligue Rio Branco con Machu Picchu y al revés. Pero, ¿saben qué? No se puede cruzar la frontera sino en un vehículo conducido por el titular de la tarjeta de propiedad. Es decir, adiós alquiler de autos, o simplemente, el recurso a un chofer profesional. Hace poco un convoy de turistas que viajaban desde Rio Branco con la idea de pasarse su par de semanas en Cusco, se enteró en la frontera de que no podían pasar: sus vehículos estaban a nombre de la financiera con la que sus dueños tenían un leasing. Frente a eso es que uno piensa, o somos simplemente estúpidos, o autodestructivos, o que llanamente nos meamos de miedo, ya no de vincularnos con el mundo, de asociarnos con un país vecino para que entre ambos, ganemos. Ni siquiera vale una carta poder. (Escribe: Rafo León)


 


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