Internacional Juan Manuel Santos asume mandato y desafíos.
El Giro Colombiano
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Con Hugo Chávez en Santa Marta prometió “relanzar relaciones” que habían sido suspendidas. |
Fue una primera semana de infarto. Al recién posesionado vicepresidente colombiano Angelino Garzón lo sometieron a una cirugía de corazón para instalarle cuatro puentes coronarios. Hugo Chávez no asistió a la transmisión de mando del sábado 7, pero accedió a un encuentro con Juan Manuel Santos en Santa Marta tres días después para romper el hielo de las relaciones entre ambos países, suspendidas luego que el presidente saliente Álvaro Uribe denunciara que líderes guerrilleros se refugian en Venezuela. El propio Uribe le respondió a Chávez vía Twitter, que lo responsabilizó por tal deterioro: “Notifico al presidente Hugo Chávez para que deje de ser cobarde lanzando insultos a distancia”.
La insólita chaqueta embanderada del venezolano fue lo primero que se llevó la atención de la reunión de cuatro horas. A la salida, ambos prometieron en un comunicado “relanzar la relación bilateral” y Santos celebró la promesa de Chávez de “no permitir la presencia de grupos armados al margen de la ley en su territorio”.
A pesar de no tener el carisma de su predecesor, Santos comenzó con buen pie.
El nuevo presidente proviene de una de las familias más tradicionales y poderosas del país. Fueron propietarios del diario El Tiempo hasta que hace tres años fue vendido al grupo español Planeta. Santos estuvo al frente de la poderosa Federación Cafetera y en los últimos veinte años ocupó los ministerios de Comercio Exterior, Hacienda y Defensa. El conocimiento de los despachos parece haberle ayudado a conformar un primer gabinete calificado por la revista Semana como un dream team.
Primero está el nombramiento de María Ángela Holguín, ex embajadora ante la Naciones Unidas y en Venezuela, lo que revela la importancia que para Santos tiene bajarle el tono a la confrontación con el régimen chavista. También destacan los nombres de Germán Vargas Lleras como el poderoso ministro del Interior y Justicia, además ex candidato presidencial que alcanzó el tercer puesto en las últimas elecciones con una campaña de “uribismo sin Uribe”, y Juan Carlos Echeverri al frente de Hacienda.
TIERRAS Y CANON
De distintas maneras, Colombia también suele ser un espejo para el Perú.
Dos importantes anuncios que hizo Santos durante su discurso inaugural resultan muy sugerentes para la actual coyuntura local.
Una promesa fundamental es el anuncio de una “reforma de tierras”. Reforma agraria es un término ya caduco pero mucho de eso hay. A diferencia de lo ocurrido con el velasquismo, en Colombia nunca se produjo una con todas las de la ley. Los teóricos en la materia tienen contados siete intentos de reforma con sus respectivas contrarreformas.
Por eso vuelve a llamar la atención la negativa del presidente Alan García a impulsar el proyecto de ley para limitar la propiedad de tierras en la costa.
El problema adicional en Colombia es que durante el período de Uribe el grado de concentración de la tierra llegó a niveles sin precedentes. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, menos de 2,500 propietarios ocupan más del 50% de las tierras. Mientras tanto, otros 2,2 millones de minifundistas no alcanzan al 2%. La industrialización de cultivos como la palma y la caña explican el fenómeno en buena medida. El sanguinario movimiento paramilitar protegió durante años los intereses de los terratenientes en las zonas ganaderas.
Paradójicamente, los duros golpes sufridos por las FARC en la administración de Uribe, que mermaron su fuerza de choque de 40 mil a 20 mil hombres, terminaron por agravar esa situación. Millones de hectáreas han sido vendidas por campesinos pobres a inversionistas que se instalaron en los territorios pacificados.
Los índices de pobreza en el país no se han reducido significativamente y el coeficiente Gini, que mide la desigualdad, es el más alto en la región después de Paraguay.
Otro objetivo primordial anunciado por Santos es el de la redistribución del canon. Colombia es exportadora primordialmente de agrocombustibles, oro y carbón. El Estado ha recibido unos US$ 3 mil millones en regalías el año pasado. De modo similar a lo que ocurre en el Perú, la crema se concentra en las pocas regiones que alojan los recursos naturales. Lo que Santos pretende ahora es una suerte de re-centralización de los recursos, donde el Estado central tenga de nuevo protagonismo en su asignación.
Ambos proyectos constituyen desafíos parlamentarios. Y solo pueden emprenderse en el Congreso por un Ejecutivo que barre como escobita nueva. (Enrique Chávez)