Libro Homenaje del hijo al padre poeta que le trazó un camino. Se publica “Retamas de Serranía.”
Octavio Hinostroza: Poeta del Ande
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Una tarde de lluvia en Huaraz, cuando yo tenía 14 años, descubrí un viejo cofre de cuero que había pertenecido a mi bisabuelo Manuel Hinostroza, pues llevaba sus iniciales, M.H. claveteadas con chinches de bronce. Lo abrí, y recordé al instante que era en ese cofre que mi padre guardaba sus libros y revistas, cuando yo era niño. Allí estaban, en efecto, “Crimen y Castigo” de Dostoievsky, “La Piel de Zapa” de Balzac, “Veinte años después” de Dumas, y “El Quijote”, entre otros, en viejas ediciones de TOR y de Sopena. Seguí hurgando entre los libros, y encontré una colección de la revista “Folklore”, donde se había publicado muchos poemas de mi padre en varios números, que leí ávidamente. Era poesía indigenista de la década de los 30 y 40, pues esta revista era el órgano de difusión del indigenismo, y mi padre tenía en ella un puesto directivo, con Hildebrando Castro Pozo. Yo no sabía gran cosa de poesía en ese entonces, sólo lo que me habían enseñado de niño, Rubén Darío, Juana de Ibarborou, Amado Nervo, pero la poesía de mi padre tenía una sonoridad semejante a la de Darío, y me encantó. Leí “El Cohetero”, leí “Los Arrieros”, leí “Nocturno Lluvioso”, que eran estampas de la sierra y sus personajes, pero el que más me impactó fue su “Elegía a la muerte de la Engracia”, que hasta ahora me estremezco al leerla:
Suenan plañidos, que la Engracia ha muerto
En la alborada de su carne bronce.
Era en los trigos que a dorarse empiezan,
Roja amapola de cimbreante tallo,
Y en fuente y cántaro de inicial frescura
Y ya en sus senos floreció temblores
Y ya en sus labios anidó torcazas
Y en sus zarcillos rutiló promesas
Y en sus pupilas apresó distancias
Y los rediles de sus brazos dieron
Calor al huacho del vellón primero….
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Publicación de Lustra Editores. |
Seguí registrando el cofre, y en el fondo encontré un montón de páginas del diario “El Departamento”, donde había poemas de mi padre, pero también informaciones sobre él, muy elogiosas. Dobles páginas centrales celebraban el estreno de sus piezas “La flor en la roca”, y “Los caballeros del poncho de vicuña”, que él mismo había dirigido, y asimismo rendían cuenta de los banquetes con que lo agasajaban, con fotos y discursos incluidos, pues mi padre era, visiblemente, una celebridad en la provincia. Había sido libretista de una de las primeras películas peruanas, “El Guapo del Pueblo” en 1938, y conservaba amistad con Ima Súmac y Moisés Vivanco, Jesús Vásquez y Alicia Lizárraga, que habían pertenecido al elenco del film.