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26/Ago/2010
 
 
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Gastronomía El diseño y arquitectura de Mistura 2010, la Feria Gastronómica de Lima.

El Parque del Sabor

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La parte posterior del auditorio del parque albergará a las Cocinas de Culto, como Teresa Izquierdo y Javier Wong.

El contenido –la comida– ya está servida. Luego del masivo éxito de la edición 2009, la feria gastronómica Mistura 2010 promete audiencias de hasta 30 mil personas por jornada, durante cinco días. El reto ya no es tanto culinario como de concepto y diseño arquitectónico a la hora de presentarlo: ¿cómo darle cabida a tamaña horda de comensales sin que el evento derive en el canibalismo ferial? El principal reto de esta Mistura era evitar que volviera a ser víctima de su propio éxito.

El estudio de arquitectura de 511 –comandado por Fernando Puente Arnao, César Becerra y Manuel de Rivero– recibió este dilema a principios de año, y desde un comienzo tuvieron algunas cosas en claro. La primera, había que acabar con las colas interminables tanto para sacar tickets como para luego canjearlos por platos. Luego, clarificar la propuesta: terminar con la desorientación espacial, casi un laberinto, de pasadas ediciones. Y tercera, abolir la ubicua y visualmente contaminante presencia de botellas inflables gigantes a lo largo de la misma. De paso se dejaba sentado un principio: el recinto del Parque de la Exposición es más importante que la propia arquitectura. Se necesitaba una estrategia para conjurar estos riesgos. Y la estrategia llegó desde la propia naturaleza: una serpiente de un kilómetro y pico de largo.


 


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