Opinión “Movilizar la pena capital es sintonizar con el peor rasgo del subdesarrollo: la ignorancia que pide sangre”.
El Estilo es La Mujer
BRASILÉA, 19 DE AGOSTO DE 2010Da la impresión a veces, cada vez más veces, que Alan García, ante la inminencia del fin de su mandato, hubiera decidido tirar la toalla del autocontrol y soltar públicamente lo que se le pasa por la cabeza. Qué bien, qué mal: qué bien porque eso nos permite por fin conocer en algo los interiores reales del hombre que nos viene gobernando desde hace cuatro años, y qué mal, por la misma razón. Cuando sale en defensa del general Benedetti, acusado por un medio de haber recibido irregularmente 280 mil soles del gobierno chalaco, el nutrido presidente aduce que el policía es un hombre probo y que por último, qué son 280 mil soles. No sé para usted, doctor García, pero para mí equivaldrían a por lo menos cinco años de jubilación. De esas Alan viene teniendo varias, deslenguado, arrogante, rabioso. Una de las más gruesas fue su adhesión lateral a la propuesta de Keiko y de todas las sacha erinias del Congreso (Alcorta, Cuculiza) de modificar la Constitución para que se pueda aplicar la pena de muerte en el Perú.
Que un gobernante se declare opuesto a la Constitución que le ha permitido sentarse en el trono, ya es un poco raro, pero que encima use un tema tan brutalmente arcaico como el de la pena de muerte solo para ganar puntos en las encuestas, es algo que tiene el signo de la manipulación más vil. En un país como el nuestro, donde las emociones primarias saltan antes que la razón y donde el espectáculo del tánatos y la banalidad reemplazan con gran eficiencia a la educación y la cultura, movilizar la pena capital es sintonizar con el peor rasgo del subdesarrollo: la ignorancia gregaria, impulsiva y aborregada que pide sangre y sangre. García sabe lo que está haciendo, porque de tonto no tiene uno solo de los rollos que le sobran por monumental. Y eso no hace sino agravarlo todo. Es una lástima, pues con esto está revelando que al igual que cuando Toledo se disparaba a los pies con necedades menores, él hace lo propio, con toda su pompa y circunstancia.
En abierto contraste con el Presidente, su esposa Pilar respondió sobre el mismo tema en una entrevista dada a Raúl Vargas, eligiendo un punto de vista completamente distinto que sin excluir la necesidad de la firmeza frente a la delincuencia, introducía un matiz que los peruanos nos hemos negado a ver a pesar de que coletea ante nuestras narices, debido en parte al manoseo melodramático de ciertos medios de comunicación. Preguntada por la pena de muerte, Nores responde que las leyes existen y que habría que comenzar por aplicarlas pero, continúa, “tenemos el caso de una niña que mata a su madre de 62 puñaladas y a los cuatro años está libre, y luego dos niñas más que también asesinan a sus madres…”.
Confieso que escuchar a Pilar Nores me hizo detener el auto: hacía mucho tiempo que no recibía de un medio una voz salida desde muy adentro pero con el costoso timbre de la convicción. Porque para discursos de brujas pacharacas ahí están otra vez la Keiko y la Cuculiza y la insufrible Alcorta. Pero no, Pilar Nores se expresaba con la certeza que da creer firmemente en lo que se está diciendo, porque hay que ser fieles a la palabra de uno cuando se es líder de opinión. Y en ese sentido es que se atrevió a jugar su papel realmente a contracorriente. Es que la niña que asesinó a su madre de 62 puñaladas, que es hija de un juez y que se ha metido al bolsillo a medio país, compone un caso que merece más análisis que la absolución que da escribir poesía. No es un episodio simple: la niña mató a su madre a puñaladas, 62 puñaladas en un forcejeo derivado de la prohibición materna a que la niña fuera a una fiesta. Los otros affaires no son menos impresionantes, porque contienen mucho cinismo, amoralidad, psicopatía y sobre todo, un pragmatismo que hiela la sangre. Pilar Nores no dijo, “que les den la cadena perpetua que se merecen”; aludió más bien a la urgencia de tomarse en serio la relación en el Perú de hoy entre norma y ciudadano. En cambio Alan, Alan se desayunó a la norma, al ciudadano, a la cadena perpetua y a la pena capital: dejar el poder le está abriendo más todos los apetitos. (Rafo León)