Salud Los licores “informales” son mortíferos pero constituyen el 33% del consumo de bebidas alcohólicas en el Perú. Se originan en el uso descontrolado de unos 25 millones de litros de alcohol etílico o de segunda. Ahora se contempla una ley que sancione la práctica con cárcel.
Seco y Volteado
 |
Avenida Abancay, cuando el estado etílico proviene de un alcohol idem. |
Hace algunos años el velorio de un fallecido en la periferia de Surco debió repetirse al día siguiente y por partida doble.
La prensa dio cuenta de la tragedia.
Dos de los asistentes, que eran provincianos con algunos años encima, tomaron unas copitas demás del licor “informal” que se servía para despedir al pariente difunto. Ellos fallecieron y otros deudos terminaron en emergencia.
¿Algo se aprendió de experiencias como esa?
Muy poco.
En marzo último, en Carmen de la Legua, Callao, se declaró un “brote epidemiológico” al registrarse la muerte de seis personas por tomar cerveza combinada con alcohol etílico, brebaje que era vendido en varias licorerías de la zona.
Carlos Sampen Alvarado se salvó de milagro después de tomar dos vasos porque su esposa lo llevó de inmediato al Hospital San José.
Como Sampen hubo varios otros agraviados que sobrevivieron en calamitoso estado. Los daños que causa semejante ingesta son a menudo permanentes.
La Policía peinó la zona y decomisó mercadería, pero nadie terminó preso por vender este veneno. El delito no está tipificado.
UNA CERVECITA
Según las estadísticas de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), las cervezas normales, cuyo contenido alcohólico fluctúa entre 3% y 8%, ocuparon el 58% del mercado de las bebidas alcohólicas del Perú en el 2009.
Pero las cervezas “informales” no faltan, cuestan una fracción del producto regular, y su índice alcohólico letal puede superar el 40%.
La SNI describió la semana pasada las características de estos bebistrajos:
–Son turbias y oscuras porque están elaboradas con levadura salvaje y bacterias vivas.
–Les añaden alcohol etílico o “cañazo”.
–Vienen envasadas en botellas recicladas generalmente de plástico que pueden reventar por tener un extracto fermentable residual.
–Huelen a aguardiente.
Después de tomarse un vaso se siente una coz de burro en el estómago. A algunos les gusta eso porque la experiencia cuesta poco.
Como esas cervezas, hay imitaciones de “vino” o de “pisco”, con botellas de entre un sol y S/. 4.
En una reunión de periodistas con los representantes de la industria cervecera, licorera y vitivinícola la semana pasada, alguien dijo bromeando que el vino “informal”, en vez de llamarse Tacama, sería Tucoma. Nadie se rió.
UN TERCIO DEL TOTAL
Después están los licores de “fantasía”, que suelen ser cañazo al que le ponen azúcar y algún colorante, solo que en vez de un verde menta puede salir morado agónico o azul fúnebre.
Y estas bebidas no solo se venden a vagabundos o en sectores populares y la serranía.
Hasta no hace mucho estudiantes acudían a un local en la avenida Ricardo Palma, cerca del Paseo de la República, para adquirir una “piscina”.
Por unos S/. 5 recibían un bidón de plástico de regular tamaño lleno de un licor mejor-no-preguntar con varias cañitas. Y así armaban la fiesta.
Al día siguiente venía el arrepentimiento.
El “cañazo” es, después de todo, un alcohol residual o de segunda destilación que queda después de haber procesado derivados de la caña de azúcar para producir melaza o ron.
La producción de otros destilados como el pisco también dejan “cabeza” y “pie”, pero el azúcar es la fuente principal del tráfico de alcohol “informal”.
Ese alcohol etílico puede tener ciertos usos industriales para remover pintura o elaborar barnices, pero no para beber.
Los daños a la salud cerebral de las víctimas son obvios en las fotos principales de esta nota.
El alcohol etílico puede propiciar la ceguera, el cáncer oral (labios, lengua, etc.), alteraciones en el sistema nervioso, daño cardíaco, disfunción hepática y renal.
Según la SNI, el consumo de licores “informales” ha disminuido de 44.5% en el 2006 a 33.5% en el 2009 del total del mercado, pero se estima que este último año generó un gasto a la salud pública de por lo menos S/. 200 millones.
A esa forado se debe añadir el de la evasión tributaria.
Existen aún sectores absolutistas que consideran que el consumo de cualquier alcohol es dañino.
Son los que propiciaron la prohibición total de su consumo a inicios del siglo XX, no solo en Estados Unidos (de 1920 a 1933) sino en Noruega (1916 a 1927) y Finlandia (1919 a 1932) e incluso en Rusia y la URSS (de 1914 a 1925).
Sin embargo, el fracaso de la era de la Prohibición fue espectacular, generando crímenes y también licores letales.
Por otro lado, la relación de la humanidad con el alcohol se remonta a tiempos prehistóricos.
Baco era no solo el dios griego del vino sino también de la agricultura y el teatro, y hasta nuestros días en el ritual de la misa católica el sacerdote bebe la sangre de Cristo en vino.
Ahora el abstencionismo se limita a grupos protestantes y al mundo islámico, y beber alcohol con moderación forma parte de nuestro trato social y hasta saludable.
Un grave problema surge, sin embargo, con la adulteración.
Hay contrabando de “cañazo” o de de alcoholes de segunda desde Bolivia, pero estos se filtran mayormente de nuestro norte productor de azúcar.
Y así resulta que, si bien ahora el Perú produce ron –con categorías y marcas de excelente calidad–, este destilado de caña solo representa el 2.9% del consumo total versus ese 33% de las bebidas “informales”.
Existe pues ahora un proyecto de ley “de control de la elaboración y comercialización de bebidas alcohólicas informales, adulteradas o no aptas para consumo humano”.
Contempla incorporar al Código Penal penas privativas de la libertad “no menor de cuatro ni mayor de ocho años”.
Todo el Capítulo V del proyecto trata de las infracciones y sanciones que incluyen el cierre definitivo de actividades y locales que violen la regulación establecida, y multas de entre 50 UIT y 200 UIT.
También establecería un Registro Único de Usuarios y Transportistas de Alcohol Etílico.
Una copia del proyecto distribuido a la prensa lleva las firmas del presidente Alan García y del primer ministro Velásquez Quesquén.
Entre las sugerencias solicitadas a los parlamentarios presentes en la reunión, Santiago Fujimori observó que el término “informal” es ambiguo en un texto legal y que debiera encontrarse una nomenclatura más específica para estos cocteles mortíferos.
Pedro Olaechea, presidente de la SNI, consideró muy pertinente la observación.
Habrá que editar el texto y hablar de ¿alcohol intocable, inflamable, infame?