Abajo los Mutis
"En un país que cultiva la morbosa tendencia a recordar derrotas e inmolaciones, y en el que quien muere tiene buenas posibilidades de convertirse en héroe, el recurso de la renuncia aparatosa ofrece otro camino a la gloria”.
“El Perú necesita éxitos, vida, logros concretos, goles, medallas de oro, plata o bronce, pero en la práctica celebra muy a menudo el pase o la postura, y admira la lavada de manos cuando se supone principista”.
“Aquí hay quienes le pudieran dar lecciones a Poncio Pilatos en materia de higiene”.
Estos párrafos del Editorial que publicó CARETAS 1063 del 6 de junio de 1989 vendrían muy al caso ahora que Mario Vargas Llosa ha renunciado irrevocablemente a la presidencia del Museo de la Memoria, cargo al que fue nombrado apenas el año pasado.
Esta vez, sin embargo, su mutis parece haber tenido un efecto inmediato y positivo: terminar de anular los rasgos amnésicos e impunes del Decreto Legislativo 1097.
Así la situación, y logrado ese cometido, ¿no debiera nuestro egregio novelista quitarle la “i” a su renuncia? En la era del iPhone, ¿no sería lógica y aceptable una breve enmienda ortográfica?
En 1989 CARETAS también dijo que “el Perú necesita el aguante no siempre apreciado de los corredores de fondo”.
El Museo de la Memoria requiere de ese tipo de apoyo para convertir el exorcismo en realidad y derrotar prejuicios estrábicos.
Nuestro Museo o Lugar de la Memoria registraría horrores, es verdad, como tantos otros memoriales semejantes en el mundo, pero aquí aludiría no solo a una tragedia sino a una lección y a un triunfo.
El museo de la memoria de Chile pormenoriza las atrocidades de la dictadura pinochetista contra la democracia.
Aquí el Lugar de la Memoria documentaría la larga guerra de tres regímenes elegidos democráticamente contra una agresión subversiva que, explotando el cisma económico y social que aún divide a este antiguo país, lo bañó en sangre con un salvajismo estéril.
Aquí triunfaron las armas y la inteligencia a pesar de los excesos, y se inmolaron en la victoria paladines como el coronel Juan Valer Sandoval.
¿No cree Mario Vargas Llosa que vale la pena seguir en el empeño de orientar en estos términos didácticos un Lugar de la Memoria?