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Música Los clásicos de Felipe Pinglo interpretados por Óscar Avilés y Juan Mosto.

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Avilés y Mosto en el Cocodrilo Verde. Atrás, de izquierda a derecha: Félix Casaverde (guitarras), Juan Alberto Córdova (teclados y piano de cola), Óscar Cavero (guitarra y banjo) y Pepe Mantero (cajón). Mario Cuba (contrabajo) estuvo ausente.

El espectáculo presenta más de un motivo para convocar. Óscar Avilés, primera guitarra del país, festeja 71 años de vida artística con la misma lucidez de siempre en las yemas de sus dedos. Juan Mosto Domecq se despide de la composición para radicar definitivamente en México. Félix Casaverde consagra su formación autodidacta tras 36 años de carrera como guitarrista principal de figuras como Chabuca Granda, Susana Baca, Eva Ayllón, Cecilia Bracamonte, Tania Libertad, Lucila Campos, Lucía de la Cruz y Bartola. Pero quizá el motivo más importante sea la puesta en escenario de los valses de Felipe Pinglo Alva.

El repertorio de Pinglo –esa bisagra entre la Guardia Vieja y el criollismo urbano– abre como un callejón el surco por donde luego fluiría el discurso moderno de inicios del siglo XX. Ése que cuestiona la inamovilidad de la sociedad estamental limeña, ley tácita que sufre Luis Enrique, “El Plebeyo” (“Señor, ¿por qué los seres no son de igual valor?”). El zurdo Pinglo, como un Jimi Hendrix criollo, tocaba con la guitarra al revés. Todo un reto para el diestro Avilés, quien reinterpretará valses como “El huerto de mi amada”, “De vuelta al barrio”, “El canillita”, “Sueños de opio” y el clásico “Hermelinda”.


 


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