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Opinión “Escucho a PPK con voz de abuelito preocupado comentar el informe del Barclays Bank...”.

Odiosa Comparación

VALLECITO,
26 DE SEPTIEMBRE DE 2010-09

Regreso a Lima desde un país que está siendo gobernado por quien fuera guerrillero, tupamaro para más INRI, un hombre que pasó mucho tiempo encarcelado y que en 1972 fugó del penal con otros 71 compañeros de partida, a través de las alcantarillas del barrio de Punta Corrientes. Hoy esa prisión es un shopping center donde se puede comprar Louis Vuitton y José Mujica –el Pepe– es presidente del Uruguay. En los días que estuve en la república oriental, Mujica y el empresariado nacional pasaron por una fuerte tensión derivada de que el actual gobierno está empeñado en legislar el secreto bancario en el país, ante la evidencia de que hay lavandería en el delta del río de la Plata. El tema es serio, pero se discute, no se expone a patadas ni a partir de mentiras ni de descalificaciones. Nadie se vale de la vida privada de nadie para ganar un centímetro de posición. Domina la transparencia en la argumentación, aún en un asunto que en esencia es turbio, pues se trata de la sospecha sobre dinero mal habido. Al mismo tiempo, el desaliñado y comelón Pepe debía fajarse con los sindicatos de empleados públicos, entidades muy poderosas, que convocaban a un paro nacional por mejoras salariales. Mujica y su equipo de gobierno también daban la cara a esta otra faz de la luna, sin mentiras ni chuponeos ni chantajes ideológicos. El país, mientras tanto, tiene una proyección de crecimiento de 7 puntos para 2011.

Por el Blackberry me mantengo más o menos al tanto de lo que ocurre en el Perú y me pregunto: ¿se puede llamar “ocurrencia política” a la conversación telefónica entre Lourdes Flores y Pocho Barrón en la que la candidata desplaza la responsabilidad municipal al cóncavo profundo de las encuestadoras? ¿Llamaríamos “suceso político” a la ruptura de Bayly con Tongo? Cómo será, pues, y apago el celular. Cuando aterrizo en Lima sí la bonhomía que había mantenido en Montevideo se evapora. Escucho a PPK con voz de abuelito preocupado comentar por la radio el informe Barclays Bank, según el cual el incremento de la presencia pública de Susana Villarán puede ser un elemento disuasivo para la inversión extranjera. Alan García sale de inmediato a poner paños fríos a una maniobra tan artera (yo siempre esperé mucho más de PPK, debo decirlo); y al día siguiente la misma empresa aludida desmiente al agorero. Por su parte Patricia Teullet en los diarios y Jimena de la Quintana en la televisión, como quien anuncia que el tinte de pelo va a desaparecer del mercado, comentan angustiadas que Deutsche Bank habla de la desestabilización que se produciría en el Perú en caso Villarán ganara las municipales.

¿Qué les pasa a nuestros modernos exégetas de la economía? ¿Han perdido hasta el sentido del decoro al dejar de temer que se los compare con Aldo Mariátegui? ¿Se han olvidado de que la banca de inversión, sobre todo la gringa, debería andar con el rabo entre las piernas en lugar de intentar tomar el timón político y económico de los países productores de materias primas? ¿Ha podido más que la inteligencia y sabiduría de PPK, el precio récord alcanzado por la onza de oro? Hay que admitirlo para luego, si se puede, cambiarlo: no somos un país que califique como civilizado, las argucias del pensamiento mágico, el afán vindicativo, el deseo de daño y la endogamia ideológica, nos acercan mucho más a la teocracia mochica que al siglo XXI. Para la derecha peruana, dialogar no es pactar sino algo peor: conceder. Por eso, no se habla, se extorsiona: “si haces olas, esa bonanza económica que te está permitiendo tener un celular en el bolsillo y a tus hijos en el colegito particular de la esquina, se va a volver coche bomba y toque de queda”. En el horizonte inmediato tenemos muchos meses más de crispación, de cinismo y de manipulación, hay que ver si lo podremos aguantar. Ciertamente, casos como Espinar, Chala, Tía María, no son precisamente modelos de actitud dialogante e informada. ¿Pero sí lo es la cobardía de nuestra ultraderecha? (Rafo León)


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