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14/Oct/2010
 
 
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Entrevistas El intenso testimonio de la actriz Meche Solaeche, sobreviviente del dolor y ahora militante de la vitalidad.

Congraciada con la Vida

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“A partir de este momento he aprendido a vivir con intensidad. Todo lo que nos sucede es vida...”

Está peleada con la muerte, así como suena. Cuando Meche Solaeche (67) era joven buscó la muerte como una solución. No veía con alegría el futuro por su carácter endeble, sin hipérboles, exento de ilusiones al no poder aceptar en el fondo de su corazón las críticas familiares sobre el trabajo que a ella le gustaba hacer. Y un día se preguntó qué hacía en esta vida teniendo que luchar contra ese calor humano y familiar que ella necesitaba tanto para vivir la vida en paz y con aceptación y alegría. No es que hubiera una bronca constante llena de espinas y brusquedades sino que su carácter la hacía callar, aguantar y al fin de cuentas, ante tanta incomprensión, deshacerse en la búsqueda de la alegría de vivir. Entonces ¿qué vida era esa que hacía daño a los que más quería? ¿No era eso un estorbo claro e insoluble para todos aquellos a quienes les debía la propia vida? Y llegó lentamente y sin quererlo a la cruel y premeditada decisión de quitarse la vida. Sin remilgos. Y entonces sucedió lo increíble, ya que la muerte se negó a abrazarla y llevársela consigo. Sobrevivió incomprensiblemente. Volvió a vivir. Aceptó la vida. Luchó. Se hizo fuerte como una roca y encontró la ilusión de vivir a través del amor. Ésta es una historia insólita difícil de entender. Ahora en el restaurante Costa Verde ella me la explica con toda suerte de detalles. Veamos lo que nos cuenta.

–¿De dónde viene el apellido Solaeche?
–Mi padre, Alejandro Solaeche, era vasco, al igual que mi madre, Adela Bilbao. Ambos eran antifranquistas y como la guerra civil empezó por la toma de las provincias vascas por el general Franco, en el año 1937 escaparon a Londres y de allí a la República Dominicana en donde se instalaron.


 


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