Opinión “Uno de los comentarios decía: ´¿recién la van a traducir al inglés? ¿Y para qué la hicieron entonces?´...”
La Humillada, La Humillada, La Humillada Cerviz
OXAPAMPA, 12 DE OCTUBRE DE 2010El delirante y mejor novelista Fernando Vallejo se queja en su última obra El don de la vida, del infame uso que hacen sus paisanos cuando se toman la libertad de opinar a través de las redes sociales de Internet. No sé si Vallejo se haya dado el trabajo de leer lo que los peruchos producimos en nuestro país cuando comentamos noticias, posts, palabras de otros; estoy seguro que de hacerlo, el autor de Los caminos de Roma terminaría convencido de que los colombianos son poco menos que los integrantes de la platónica república de los poetas. Es que, creo, no hay fenómeno más degradado en la comunicación humana de hoy como la voz de ese navegante que puede escribir sobre lo que se le antoje, protegido por el anonimato inherente a la red pero, sobre todo, por la soberbia de que lo dota su ignorancia, esa que se infla y acrecienta como un brote en un almácigo cuando encuentra un canal de expresión diseñado para llegar a millones de personas de todo el mundo, y si no en los hechos, al menos en la fantasía del navegante, lo que ya es suficiente.
Vargas Llosa fue distinguido con el Nobel de Literatura 2010, y la decisión de la Academia Sueca se publicitó hace unos pocos días. Con destacable celeridad, Promperú reaccionó anunciando una reimpresión de la guía literaria, La Lima de Vargas Llosa, de la que soy autor, y que se publicara a finales de 2008. La guía mencionada está hecha en un formato sencillo y económico, y recoge los lugares que Vargas Llosa emplea como escenario para los personajes de Los jefes, Los cachorros, La ciudad y los perros y Conversación en La Catedral. Producida con harta calidad gráfica y elogiada por el propio novelista, la guía fue distribuida en forma gratuita entre quienes la solicitaron en los puesto de I Perú del Aeropuerto Jorge Chávez y Larcomar; además del ingreso a la muestra sobre MVLl con la que se inauguró la casona O’Higgins, en el Jirón de La Unión.
En la misma nota de prensa Promperú anunciaba la traducción al inglés de nuestro exitoso librito, pensado para orientar en la ciudad que tanta ambivalencia genera en los relatos de Vargas Llosa. Yo, lejos de Lima y mediante esa conexión con la cruda realidad que es el Blackberry, me enteré con mucha alegría de las decisiones anunciadas por el organismo promotor de turismo del Perú, y veía con un orgullo imposible de disimular cómo la noticia rebotaba en decenas de diarios, web literarias y turísticas y sitios académicos de todo el mundo hispano parlante.
Las cosas iban como un tren hasta que se me ocurrió entrar a revisar los comentarios que la gente comenzó a enviar al anuncio de Promperú. Uno de ellos decía, “¿recién la van a traducir al inglés? ¿Y para qué la hicieron entonces?” Indignada, una señora, exigía que la traducción se hiciera primero al quechua, al aymara y a las lenguas amazónicas. Un caballero de fina estampa reclamaba porque “a un autor español” que había renunciado a su nacionalidad peruana se le reventaran tantos cuetes y otro navegante, en apariencia un joven intelectual, escribiéndolo todo en mayúsculas y con unas faltas de ortografía de Tarzán en examen de Toefl, furioso denunciaba que quienes realmente van a reimprimir hasta el infinito serán los editores del Nobel y que todo en el fondo es un negocio del que no se beneficia el pueblo peruano.
Confieso que cuando leo cosas así hago un hígado del tamaño de Canadá; he llegado a cerrar un blog ante mi propia incapacidad para aceptar que tanta gente tenga tantas ganas de dañar, descalificar, maletear, tirarse abajo cualquier intento de mejorar nuestra imagen ante nosotros mismos, solo porque tiene un espacio público que le permite hacerlo. Detrás de cada comentario como los que reseño, puedo escuchar la risita cachacienta del que sospecha que no hay nada sin trastienda, que todo lo que nos pasa está determinado por fuerzas omnipotentes frente a las cuales no cabe oponerse, porque siempre nos van a ganar y que por eso, lo mejor que nos queda por hacer es emborracharnos como los periodistas de La ciudad…, sumergirnos en los programas de humor de los sábados en señal abierta y presionar la tecla de mayúsculas para seguir regando imbecilidad con ventilador. Pero bueno, si el tren eléctrico es el Nobel de la arquitectura… (Rafo León)