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Opinión “A la pregunta sobre si tuvo o no licencia del INC para desbaratar la plazuela, respondió que no se acordaba”.

El Genoma Miyashiro

MIRAFLORES, 16 DE OCTUBRE DE 2010

Dicen que todas las mañanas, a las cinco en punto, toma asiento en la sala de actos del Municipio de Chorrillos, mientras los vecinos han formado cola desde la noche anterior para ser atendidos en persona por él, él mismo es. Él escucha, aconseja, sentencia. No da espacio a la duda ni a la réplica, él sabe cómo son las cosas, cuáles son los canales para resolverlas y qué ánimo debes tener para emprender lo que se abre por delante si quieres solucionar tu problema, de licencia, de multas, de arbitrios, de lo que sea. Nadie, por supuesto, se atreve a pensar que semejante voluntad de servicio se explique por el insomnio. Es que él exhibe la dosis de nisei suficiente como para apelar a la identificación que genera el mestizaje, cualquiera que este sea, tanto como a la añoranza por el totalmente japonés que nos enyucó bajo advocación aristotélica, esa que dice, sarna con gusto no pica.

Él gobierna para la mayoría, lo que quiere decir que da gusto a quienes lo quieren, lo que quiere decir que quienes lo quieren es porque les da gusto. Y eso, acá y en cualquier parte, suele ser cuantitativo. Lo cualitativo, en cambio, lo tiene sin cuidado. Que unos cuatro vecinos del malecón o de la plaza Cuadros se organicen y protesten por la destrucción de ambos espacios, es cosa de blancos, de la gente que mira al mar, de las influencias que tiene una vecina en Lima Metropolitana gracias a un pariente. A él esa gente no le gusta, prefiere a quienes van a la madrugada a pedirle consejo y a actuar llave en mano según él lo indique. Y cuando la oposición cualitativa cobra fuerza, él no habla, pertenece a esa estirpe de alcaldes mudos que tanta acogida tiene en el estrato cuantitativo: se limita a colocar unos gigantescos paneles explicando lo que sucede y dándose la razón a sí mismo. Dadzibaos, para qué más.

Hace unos días rompió su silencio y aceptó ir con un reportero de la señal abierta al parque Cuadros y al malecón. En el parque, donde estuvo por décadas esa glorieta finisecular decadentona, ha hecho levantar un símil pero con columnas de fórmica imitando mármol. Su explicación es la siguiente: las anteriores también remedaban el mármol. Es decir, lo que importa es lo que parece y si eso que parece no tiene la traza de lo chirriantemente nuevo, pues hay que tirárselo abajo. Ese impulso por la estética de lo moderno puede más que cualquier normatividad, peor si esta viene de un INC que es visto por él, y por ende, de igual manera por la masa cuantitativa, como una institución apenas menos inútil que el Legislativo, rezagos de cuando los blancos gobernaban el país como querían. A la pregunta del periodista sobre si tuvo o no licencia del INC para desbaratar la plazuela, respondió que no se acordaba, que pensaba que un funcionario la había recibido, con la displicencia con que un combista respondería a la pregunta de si tiene brevete. Respecto a su proyecto de levantar catorce piletas en un malecón que mira a un océano completo, sin haber hecho además ningún estudio que garantice la seguridad de la obra, tampoco contesta, dice que todo se reduce a una campaña de esos cuatro vecinos que quieren mantener sus privilegios. No tiene que explicarlo, pero es obvio que quiere, con las piletas, repetir el plato de Castañeda y sus mariconas aguas danzarinas en lo que fuera el Parque de la Reserva.

Si yo estuviera interesado en hacer carrera política en el Perú y apuntar a presidente, no dudaría un instante en hacerme asesorar por el alcalde Miyashiro, reelegido en Chorrillos por cuarta vez, con más del sesenta por ciento de los votos. Ese hombre de cara abotagada, cool como él solo, que lleva impreso en la frente el cartel “no importa que robes, pero haz obra”, es el genoma del político peruano. No tiene el menor sentido oponerse a él ni rasgarse las vestiduras. Estamos en la era de lo cuantitativo. Del error de la estadística. (Rafo León)


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