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Opinión “Esta publicación nació un mes antes que yo. En unas semanas cumpliré los sesenta años que CARETAS está celebrando hoy”.

Pulgas en el Trasero

MIRAFLORES, 23 DE OCTUBRE DE 2010

Estoy comenzando a hacer algo que las páginas de CARETAS rechazan como los vampiros al ajo: elogiar a la revista. Y la revista le corre al halago tanto como su dirección siempre ha tratado al periodista, nunca un comentario de felicitación pues para eso él está acá, para hacer las cosas bien. Ese rasgo tan anglosajón y tan arequipeño y tan a la vez los dos, te forma sobre la idea de que si buscas la pasadita de mano del jefe vas muerto, y más bien debes ponerle toda tu alma, todo tu corazón y toda tu vida a la nota, la columna de opinión, la caricatura, la entrevista, ¡la foto!, el diseño, la diagramación, la pre prensa y todo lo que sigue. Y la dirección te comentará lo que publicaste como un tema de discusión o para sacarte la cresta, porque tú no estás acá para hacer las cosas mal. Estoy tirando sobre la camiseta de CARETAS una lata de tuco, la estoy manchando como en un comercial de detergente.

Pero no puedo parar de escribir lo que estas páginas no aguantan. Y es que a lo largo de mi vida profesional (¿?) he estado muchas veces vinculado a esta publicación, que nació un mes antes que yo. En unas semanas cumpliré los sesenta años que CARETAS está celebrando hoy. He sido siempre colaborador, no he estado nunca en planta, por ello me he librado de los cierres en los que primero Doris, luego Enrique y ahora Marco Zileri han inaugurado sonidos inéditos en el ser humano, producidos por su aparato fonador, cuando faltaba verificar un dato o cuando LA foto no se había terminado de conseguir. Como no conozco en persona esas míticas sesiones de neurosis periodística y de exigencia sobrehumana, me contentaré con seguir ensuciando estas páginas recurriendo a otro elogio. Nunca, ni una sola vez, he recibido por parte de quien ha sido mi editor, o de quien ahora lo es, la menor insinuación, ni siquiera susurrada, dicha en anagrama, en croata o en silencio, para que cambie un sufijo, porque tal como estaba puesto podría enemistar a la publicación con el gobierno, con el ministro, con el obispo o con el anunciador. Sé que en más de una ocasión Enrique Zileri ha tenido encontronazos con figurones, del Estado o del sector empresarial, por ejemplo, a raíz de alguna boutade de la China Tudela. Y sin embargo, yo no me he enterado de ello ni siquiera por algún chismoso de la redacción, más bien por alguien de afuera, que sabrá Dios cómo lo supo.

En tantas entradas y salidas podría haber sabido que se despidió a cierto editor de Ellos & Ellas porque publicó la foto de algún personaje público antipático a la revista, bailando merengue en un matrimonio. Sigo lambisconeando. Jamás ha ocurrido una cosa así. Como tampoco ha pasado que la revista en algún momento de sus sesenta años, haya tentado de enriquecerse convirtiéndose en el vehículo para la venta de productos de valor agregado, léase fascículos, libritos, láminas, colecciones de libros o de discos para escuchar música. Alguna vez ha regalado con la edición algún chiche, pero más por humor, para que la gente siembre árboles o para homenajear a alguien que se lo merecía. Pero de ahí a sostener sus ventas en objetos intrusos, no lo he visto nunca, la administración y la contabilidad de la revista nacieron como herramientas para sustentar su carácter periodístico y solamente periodístico. Cualquier intención de trasformarla en un bazar de kiosko, ha fracasado. Es por ello que tantas veces periodistas de planta y colaboradores las hemos pasado a cuadritos, pero aguantando. El motivo por el que más admiro a esta publicación que está festejando la entrada a su base seis va por allí, por el hecho de que jamás haya sabido hacer ninguna otra cosa que periodismo. En el resto de actividades marketeras CARETAS siempre ha sido un desastre. Felizmente. Porque cuando te conviertes en vendedor de enciclopedias, solo puedes ofrecer aquellas que a tu jefe le resultan cómodas. Y en CARETAS esa palabra, comodidad, no existe. CARETAS tiene pulgas en el trasero, hoy y desde hace sesenta años. *Rafo León)


 


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