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Turismo Las claves para convertir al gringo que viene por unos días al Cusco en un verdadero turista. Y seis viajes internos que marcarán la ruta del futuro turístico.

Seis Destinos Imperdibles

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Una Vez en la Vida: La Vuelta al Ausangate. Apu cusqueño por excelencia, su ascenso se puede hacer en diferentes tiempos. Cuatro albergues de montaña de óptima comodidad y mimetizados con el entorno acogen a quien se aventure a este paso de montaña a 5200 msnm.

Vistamos al maniquí con unos pantalones Cargo, chaleco verde militar High Sierra, gorro ídem, zapatones The North Face y mochilita Timberland. Colguémosle terciada al cuerpo una botella de agua en soporte de tela incaica y ya lo tenemos, listo para ser asaltado por una brichera. Si adoptamos a este prototipo de turista al menos deberíamos ubicarlo en el tiempo y el espacio. De hecho, tanta estereotipia tiene que ver con un espécimen de turista, el que viene con agencia y el tiempo pautado al milímetro, y se lleva la información estándar que recibe de sus guías, sin quizás profundizar en nada ni preguntarse por qué, por ejemplo, los porteadores del Camino Inca tienen las piernas llenas de várices, si es que el interrogante anterior a ese no fuera, ¿por qué hay porteadores en el Camino Inca en lugar de un sistema racional que no explote a los comuneros y que disminuya el impacto de tanta gente caminando a la vez por esos impagables senderos de piedra?

Según el escritor cusqueño Lucho Nieto, pionero en turismo al Perú es Hiram Bingham, un hombre con una mirada absolutamente puesta en su cultura de origen, que buscaba lo exótico en función de una ventaja personal que le diera la gloria ante la humanidad entera. Y Machu Picchu, sin comerla ni beberla, se la dio. En la jerga turística existe una clase de turista al que se le llama, “el del síndrome de Homero”, aunque a mí me gustaría más “Robinson Crusoe”. Se trata de aquel personaje que emprende viajes con la idea de ser el primero en pisar un lugar. Si revisamos el mercadeo turístico (de paso, considerado como el más sofisticado entre los existentes) en cualquiera de las gigantescas ferias que se desarrollan en el mundo, veremos que este estilo de viajar se impone por sobre el del turista de botella de agua y camisa floreada. Basta ver el nombre de las agencias más prestigiosas, que renuncian a incluir la palabra “turismo” o “tourism”, a cambio de “viajero” o “traveler”. Indiana Jones, en realidad, sería la versión de Homero de las últimas décadas. O Avatar. Porque el traveler, eso sí, tiene su poco de sensibilidad social y conciencia ecologista.


 


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