Arte Restaurador Max Gutiérrez y titánica tarea de conservación de la obra del genial tío Sérvulo.
Una Nueva Piel
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Considerado el lienzo más grande que Sérvulo pintó, el desnudo de Doris Gibson fechado en 1949 presume ahora de renovado brillo. |
En su Diccionario Etimológico Abreviado, Fernando Corripio señala los sabrosos lazos lingüísticos entre la restauración de obras pictóricas y esa otra obra de arte que es la gastronomía. Proveniente del latín
restaurare, “restauración”, claro, es renovar, pero también lo es el arte de saber llevar adelante un restaurante. En ambos casos: fuerzas y energías del organismo convocados en el caldero o el lienzo. Así, chef experto en los mejunjes de la plástica, Max Gutiérrez no solo es el artista que desde temprano absorbió las lecciones de su eminente tío Sérvulo, sino quien también desarrollaría una notable trayectoria de restaurador de obras desmejoradas por el paso y el peso del tiempo y la dejadez. “La gente tiene un cuadro cincuenta años pero ya ni lo miran; los bastidores se pican, la pintura se reseca, se raja... como cuando dejas de querer a una mujer”, advierte el artista salido de Bellas Artes donde fuera alumno de Suárez Vértiz y Ugarte Eléspuru.
La más reciente batalla de Max G. ha sido librada ante el imponente desnudo de Doris Gibson creado por Sérvulo en 1949. Allí, a través de la aplicación de aceites y restauración de empastes, el artista le ha dado nueva lozanía al rojo ardiente que cubre la piel de la musa fundadora de CARETAS. En total, son seis lienzos de la colección Doris Gibson tratados con las delicadas técnicas del trabajo de conservación, y que forman parte de la exposición que el artista viene preparando en homenaje a los 50 años de la muerte de Sérvulo.