Opinión “Luego de muchísimo tiempo tenemos en un lugar importante del poder a un personaje que representa el bien...”.
Nueva Corónica y Buen Gobierno
SAO PAULO, 30 DE OCTUBRE DE 2010La alcaldía de Lima la ha ganado Susana Villarán. No el MNI ni Patria Roja. Y yo sí creo que se trata de una circunstancia en la que la personalización del triunfo puede dar un resultado interesante. No solamente en la confianza que habrá de sentir el ciudadano frente a la eficiencia, liderazgo y honradez de la alcaldesa a la hora de hacer obras sino en un tema que aldomariáteguísticanente hablando, sería una imbecilidad, pero como yo no milito en el partido de ese joven que demuestra la hipótesis biogenética según la cual todo José Carlos tiene su Aldo, pues creo lo contrario. Me refiero a que luego de muchísimo tiempo tenemos en un lugar importante del poder a un personaje que representa al bien, así de simple.
Una parte importante de mi generación –que es la de Villarán– recibió en la secundaria un mensaje venido del Vaticano que rompía con el estreñimiento de Pío XII y traía el aire fresco del cristianismo original. Juan XXIII en el Concilio II habló a la humanidad entera de retos en común pero partiendo de los sectores más deprimidos que la componían. Eso no era ninguna tetudez idealistona, la institución más poderosa del planeta comenzaba a emitir mensajes nuevos, que eran recibidos con compromiso por muchos jóvenes inconformes con el medio que nos habían parido. Nuestro subcontinente acogió de manera especialmente fructífera ese runrún y es acá donde nace la Teología de la Liberación y surgen personajes como Helder Cámara, Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, entre muchos otros, que comienzan a producir para la academia tanto como para el púlpito, el confesionario, la posta médica, la escuela, la misa comunitaria, con el fin de convencernos de que todos teníamos derechos.
Curas, monjas, laicos, grupos de juventudes, iniciativas parroquiales, fueron así estructurando un movimiento no partidario de vida muy austera, en el entendido de quien tiene poco que perder es quien puede adquirir más poder, pero un poder muy distante y muy distinto del que tradicionalmente había estado unido por intereses comunes al sector económico más conservador y oscurantista. El tema de los Derechos Humanos y la lucha contra las dictaduras latinoamericanas de los setentas, dieron mayor contenido a esas tendencias que iban cada día acercándose más al reino de este mundo. Los asesinatos, desapariciones, migraciones forzadas, exilios y estadios, mataron. Y luego en El Salvador, siguieron matando, a Romero, a Ellacuría. Mientras en el Perú una ola horrenda comenzaba a inundar territorio geográfico y social: Sendero Luminoso y el MRTA construían un escenario al que había que contrarrestar con nuevas reglas políticas, de otro modo la toma del poder se instalaba a la vuelta de la esquina. Fue en esa circunstancia cuando la iglesia de a verdad, la de los luchadores, comenzó a cumplir con una función de contención que nuestra derecha cerril no entiende ni entenderá jamás.
De no haber sido por los Maryknoll en el Altiplano, los jesuitas y curas seglares en Cusco, en Cajamarca, en la selva central, en Piura, en el llamado Trapecio Andino, el terrorismo habría copado sin amortiguadores ni frenos. Han sido estos curas y los movimientos laicos ligados a ellos, quienes junto con las rondas y ciertos sectores de campesinos organizados, pusieron cercos no solo materiales pero también emocionales, espirituales, de soporte para que la población victimada aguante y los victimarios se replieguen. Insisto, este fenómeno lo comprenderá solo quien tenga la buena voluntad de hacerlo, pues los que no, verán que esa iglesia concernida se alió con la subversión, como ahora nos lo quiere hacer ver la oficialidad católica. Susana Villarán viene de esa cantera y se ha tragado todos los sapos de una secuencia política de más de cuarenta años, actuando como bisagra y como colchón entre fuerzas en conflicto que ya parecían articulaciones carentes de tejido cartilaginoso, eran hueso contra hueso: dolor puro. Que alguien con esa trayectoria haya llegado al gobierno municipal de Lima es algo que debería darnos confianza a todos. Por supuesto que hay mil problemas y los habrá más. Pero si asumimos como nuestro a un personaje que se fogueó en frentes liminales, concluiremos en que está mejor preparado que otros cuya mayor aventura ha sido la de defender a narcotraficantes en los tribunales.