
Cuando crueldad e ignorancia del público entran a tallar en una corrida.
¡Nos Aguaron la Fiesta!
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La corrida del domingo último ha sido una de las más extrañas que he visto en mi vida. El cartel era óptimo: Enrique Ponce, David Fandila “El Fandi” y Miguel Ángel Perera, y lo primero que hay que decir es que los tres pusieron en el ruedo todo el interés y todas las ganas habidas y por haber, arriesgándose hasta lo indecible (Ponce fue cogido y vapuleado por su primer toro y El Fandi se llevó un puntazo de 4 centímetros en el muslo derecho). Y hay que decir aquí algo que no es usual: los tres toreros estuvieron muy por encima de los toros (¡ya está bien de tantos “ahumadas”!); muy por encima del juez de plaza y sus asesores que estaban en Belén con los pastores; de los espectadores no aficionados y coleccionistas de espectáculos tipo Jonas Brothers que son muchos en estas últimas épocas; de los buenos aficionados de siempre que acabaron divididos y desconcertados al entender algunos y no acabar de entender otros lo que ocurrió en la plaza; de los gritones maestritos taurinos de la Sutep (los últimos de América); de los infaltables borrachazos de turno y de algunos tipejos que habrá que explicar de dónde salieron. Todo un inmenso problema sociológico.
La corrida tuvo dos partes diferenciadas entre sí, la de los tres primeros toros y la de los tres últimos.