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Turismo Pero de verdad. Cárcel colonial tallada en gigantesco peñón volcánico de Apurímac es ahora un atractivo turístico.

Piedras Gordas

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Las mujeres tenían mazmorras propias. Los jueces eclesiásticos de la Inquisición condenaban a acusadas por herejes y hechiceras.

Algunos hermanos nunca más salieron de las entrañas de roca viva”. La dramática descripción se encuentra en una queja formulada por indígenas de Haquira –en Cotabambas, Apurímac– ante la corte superior del Cusco, en 1915. Otros documentos que hablan de los rigores de la cárcel de piedra datan del siglo XVII. Los jueces eclesiásticos de la Inquisición recluían allí a los acusados por idolatría y superstición.

Entonces, como ahora, la minería de oro y plata convirtió a la región en un enclave codiciado por los españoles. La cárcel de piedra (“Qaqa Cárcel”), que en realidad era un complejo que incluía tribunales, fue construida durante la colonia. Se trata de un peñón volcánico de más de 60 metros de altura por 500 de circunferencia.

El investigador Aníbal Arredondo anota que “la cárcel de Haquira es única en su género por su alta seguridad y por considerarse un crudo infierno humano, donde los insurrectos a la corona española y los que no cumplían con la fe cristiana pagaban con sus propias vidas. Quienes conocemos las mazmorras de las islas de Tasmania en Australia, donde sufrían prisión los insurrectos irlandeses y propios nativos que allí se exterminaron bajo el domino inglés, consideramos que fueron menos crueles que la cárcel de Haquira”.


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