Opinión “Hasta el cura me confunde. ¿Sabes qué me contesta? Que si es una extremaunción es gratis, pero si va a vivir, cuesta 40 soles...”.
La Bacteria
LIMA, 4 DE DICIEMBRE DE 2010VICENTE el día que cumplió cinco años comenzó con una diarrea persistente que lo incomodaba en el colegio. La profesora llamó a su madre y le pidió que lo retirara hasta que estuviera recuperado. Doña Rosario es una norteña fuerte que no se detiene ante mucho. Se llevó al niño a su casa y lo puso a dieta, pero Vicente se quejaba de dolores insoportables. Su vientre comenzó a hincharse, le vinieron los fiebrones. A Rosario no le quedó otra que hacer llamar a Cucho, en ese momento pescando en alta mar. Le avisaron por radio, lo trajeron a su pueblo y nomás llegando, Cucho cargó con el niño a la posta médica, donde le dijeron que su hijo estaba gordito y “agarrado” y que no tenía nada. Lo mandaron de vuelta a su casa.
Las pestañas chutas de Vicente se caían con el sopor de la fiebre y el cansancio, los cólicos atacaban cada vez con mayor frecuencia. Cucho, Rosario y el niño partieron para el hospital del Seguro de Chiclayo, Vicente pertenece a una planilla y aporta regularmente desde hace más de diez años. Dejaron en la caleta a Karina, la hija de trece años, ella los despidió llorando, su hermanito se moría y encima triste. En Chiclayo los recibieron por emergencia y los soltaron por la puerta principal. No había ninguna explicación a las altas temperaturas y a los dolores, no salía nada en las ecografías y que a un niño le hagan treinta radiografías en dos días, a Rosario le pareció un exceso sobre todo porque estas venían sin explicación alguna, da miedo el cáncer.
Nadie sabe muy bien cómo uno de los patrones de Cucho consiguió que se trasladara al niño al Almenara, acá en Lima. Con él, vinieron sus padres. Y es en ese momento que Cucho me llama. Somos muy amigos, hemos pescado juntos, compartiendo silencios al caer el día porque este hombre bajo, fuerte y dotado de una dignidad a prueba de bombas, habla poco, es muy tierno, cree que la gente sí puede entrar en razón. Me pidió ser el padrino de Vicente, había que bautizarlo porque sus posibilidades de sobrevivir eran mínimas. Acepté, nos reunimos en mi casa, Cucho, contenido, no pudo más y lloró: “Algún doctor debería reunirnos y decirnos ‘tu hijo tiene tal cosa y puede vivir o morir’; pero cada día aparece un médico diferente, no hablan, ayer una enfermera le dijo a mi señora que se hiciera a la idea… ¿de qué? No hay remedios, no hay guantes, no hay jabón, todo debemos comprar, la comida es de mendigos. Pero lo peor, Rafo, es no saber nada y hasta el cura me confunde, le pido que me lo bautice al Vicente ¿y sabes qué me contesta? Que si es una extremaunción, es gratis, pero si va a vivir, cuesta 40 soles”.
Hoy bautizamos a Vicente (40 soles), bajó de su cuarto a la capilla del hospital con una mascarilla, tiene las defensas en el suelo. Con las justas el niño pudo aguantar una ceremonia colectiva en la que el cura con un micrófono malogrado leía cartas a los Corintios, mientras los padres y padrinos lo único que hacíamos era tomarnos fotos y videos. Vicentito se caía del agotamiento, “me quiero ir”. ¿Adónde? A su cuarto, a esperar, ¿qué? Otra enfermera dijo: “varios meses internado”. Pero, ¿por qué? “Será una bacteria, pues”. Cucho tiene que regresar a trabajar, como padrino yo tomaré parte de la posta que él deja, felizmente el temple de Rosario ayuda mucho pero, ¿qué está pasando? Parece simple. Los altos funcionarios de EsSalud se trambuchan la plata mediante vivezas criollas, al decir de Alan García. Y ese ruin, tenazmente cínico de Barrios Ipenza, la bacteria. (Escribe: Rafo León)