
La vigésimo cuarta edición del Cuento de las 1,000 Palabras entregó sus jugosos premios.
El Largo Aliento del Relato Breve
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Enzo Llanos, Camilo Torres, Lucía de Althaus (representando a esposo Enrique Felices), Yamileth Latorre, Marco García Falcón, María Montero (representando a Manuel Serna), Lucio Vargas, Samuel Ashcallay (representando a su hijo) y Óscar Castillo. |
Aunque nace del dolor, la literatura también es fiesta. Así quedó demostrado el pasado 2 de diciembre en Picas Restobar, local engalanado con memorables carátulas de CARETAS que recibió a felices ganadores, emocionados familiares, reputados escritores, insignes periodistas, glamorosas modelos y bibliófilos paracaidistas.
Todos fueron bienvenidos para celebrar un concurso que se convoca desde 1982. Ocasión en la que Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro dieron su categórico veredicto otorgando el primer premio al elusivo “Angel de Ocongate” de Edgardo Rivera Martínez. Ganador de polendas, como después lo fueron José Adolph, Guillermo Niño de Guzmán y Luis Freire. No por nada, el reputado crítico Ricardo González-Vigil señaló en su antología “El cuento peruano 1990-2000” que el de las 1000 palabras es uno de los pilares de la difusión y promoción del relato breve en suelo rojiblanco.
Entonces, a la vera del Puente de los Suspiros y cuando las agujas del reloj superaban las 8 de la noche el director de Caretas, Marco Zileri, destacó la masiva convocatoria de este edición extraordinaria que celebró los 60 años de fundación de la revista.
Fueron más de mil los autores que pusieron en blanco y negro filias y fobias para envolverlas con delicada ilusión y enviarlas en respectivos sobres al Portal de Botoneros 122, dirección de esta casa editora.
Luego de saludar a los miembros del jurado Rodolfo Hinostroza, Fernando Ampuero, Josefina Barrón, Jaime Bedoya y a la coordinadora Daphne Zileri, agradeció el comprensivo y entusiasta patrocinio del BBVA Banco Continental, entidad que aceptó la deliberación del jurado, que ante la calidad de los cuentos resolvió anular el tercer premio y entregar dos segundos puestos. Lo que implicaba, claro, que ambos reciban la misma recompensa contante y sonante.
Antes de pasar a la premiación propiamente dicha, Zileri Dougall agradeció la hospitalidad de Carlos Bruce, quien cedió los ambientes del Picas Restobar para esta celebración bohemio-literaria.
Como de costumbre, la cuenta regresiva se inició entregando sus respectivas máscaras a los seis sonrientes ganadores de las menciones honrosas.
El saludo de Samuel Aschcallay llegó desde España vía video (en televisor plasma estratégicamente ubicado). El autor del cuento “Ajedrez” vive en la península cumpliendo labores diplomáticas. Es de resaltar que antes de mudarse a Torre Tagle fue reportero de Caretas.
Otro viaje fue el que impidió a Enrique Felices Saavedra recoger su máscara conseguida por escribir “Una condena exquisita”. Su esposa Lucía de Althaus fue quien recibió las merecidas felicitaciones.
Otra esposa que, orgullosa, recibió el premio fue María Elena Montero, pareja de Manuel Serna Ponce. El autor de “No hables, actúa” es un preso político recluido en Castro Castro que, además, gana por segunda vez una mención honrosa. En una carta manifestó su esperanza a prueba de barrotes.
Luego fue el turno de Óscar Castillo Rivadeneyra, autor del relato “Miradas de perro”. Lo siguió Enzo Llanos Sánchez por “El primer silencio” y finalizó la ronda otro “caserito”: el joven narrador Marco García Falcón por “Ella canta”.
Tarararán. Aunque no hubo repiques de tambor sí hubo mucha emoción antes de anunciar el segundo premio empatado: libros de la colección del BBVA y 5 mil soles recayeron en Lucio Alberto Vargas Salazar por el decidor título “Sábado Interminable”. Relato muy elogiado por Josefina Barrón, quien resaltó esa mezcla de calle y biblioteca narrado sin puntos ni comas.
El otro segundo puesto fue para Yamileth Latorre Quintana, merecedora de una mención en un concurso previo. “La Periferia”, según Fernando Ampuero, destacó por hilvanar una historia a través de un lenguaje poético y sugerente.
Finalmente, el esperado primer premio fue para Camilo Torres. “La caída de saturno o el día de la muerte y la risa” le valió un viaje de seis días a Madrid, capital de las letras españolas. Rodolfo Hinostroza saludó el texto por ser “un cuento, cuento”, refiriéndose a su acabado y estructura, que como su mitológico título lo sugiere bucea en la conflictiva relación padre-hijo.