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23/Dic/2010
 
 
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Entrevistas El elegante intelecto de poeta y escritora Josefina Barrón en entrevista que marca sus distancias con la Lima burguesa.

Finezas de Josefina

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“Me es más fácil percibir lo que es Dios que hablar de política. Cuando el ser humano alcanza el poder se envenena”.

Josefina Barrón (41) escritora, periodista y mujer guapa en la que sus años no están representados a cabalidad (parece que tiene mucho menos), es poseedora de una gran sensibilidad que a veces se torna doliente y se asemeja a una herida en el aire. Ella, pienso, ha creado sus propios fantasmas y también sus miríadas de estrellas en su paso por una vida llena de influencias literarias que la han convertido en receptora de sentimientos diversos y a veces contrapuestos. El amor y la comunicación espiritual con el ser amado han sido uno de sus grandes objetivos con la intención de pulsar la felicidad completa. Pero la vida suele ser demasiado cruel y hasta perversa para todos aquellos que son forjadores de cuentos de hadas y que abren su corazón lleno de ternuras existenciales para encontrarse, de frente y de sopetón, con las aristas filosas de la condición humana, inhóspita y a veces miserable. Todo esto no quiere decir que Josefina Barrón pase por la vida desnuda y desprotegida para enfrentarla, ya que es una mujer liberal y libertaria que ha hecho de su vida lo que se propuso y quiso hacer con ella, con gran tesón, ánimo y fuerza de voluntad. Y no lo ha hecho nada mal. Luego es una mujer fuerte de carácter, decidida, segura de sí misma y muy capaz de manejarse en el terreno social con eficiencia. Sin embargo, las falibilidades de la burguesía, a veces demasiado volátil, inculta y exenta de valores consistentes la han ido decepcionando. Y no porque ella se sienta casi disminuida en esos ambientes (es una extraordinaria conversadora y tiene un atractivo social impecable) sino porque ella, existencialmente, no comulga con la falsedad y con el doble juego de sentimientos y palabras que encubren, engañosamente, una mediocridad emboscada. Ella ahora ha encontrado su Shangrila, su paraíso añorado, en su casa y su entorno familiar bien delineado, en donde ella puede, ¡por fin y ahora! hacer realidad los horizontes perdidos de su felicidad tanto tiempo buscada. Exploremos esto.

–¿Sus orígenes?
–Nací en Lima. El mundo de los seguros y reaseguros y los negocios que giran alrededor de esto se instalaron en mi casa desde que tengo uso de razón. Excepto mi madre, yo y mi hermano menor, todos los demás, mi padre, mis dos hermanos y mi hermana mayor, respiraban ese ambiente a diario. Yo jamás pensé en ese tipo de trabajo o de vida, ya que nací poeta y escritora y, aunque parezca imposible, pienso que aprendí a escribir antes que a leer. Bueno, yo leía paralelamente, pero mi placer era expresar mis sentimientos y temores a través de la palabra escrita.


 


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