Local Al inicio de la segunda década del segundo milenio.
Homenaje al Papel
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Las ideas vuelan más lejos y flotan más tiempo sobre el papel. |
Imaginémonos por un alucinado instante que el papel se hubiese inventado después de la pantalla.
Nos habríamos quedado tan fascinados como neandertales desprovistos de la necesidad de utilizar rocas para dejar sus mensajes, o de sumerios liberados del menester de marcar en barro fresco sus ideas, apuntarlas en pieles de animal o arañarlas en trozos de pizarra para no olvidar.
Cuando finalmente se elaboró el papiro hasta la esfinge se quedó de una pieza, y cuando los chinos lograron el papel construyeron una inmensa muralla para que no les robaran la patente industrial. Pero fue inútil.
En homenaje al papel vale todo tipo de fantasías.
Nosotros hubiéramos dicho “¡Papel! ¡Qué maravilla! Liviano, barato, flexible, ¡y no necesita de máquina, programa o electricidad para utilizarse! Papel, capaz de registrar con suntuosa nitidez textos e imágenes que no oscilan. Papel, más fácil de leer y más discreto, porque si uno no quiere, nadie puede, a través de redes electrónicas o WikiLeaks, revisar lo que en privado se ha mirado o escrito”.
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2010. 1452 páginas pagadas de publicidad - 2009. 1181 páginas pagadas de publicidad. |
El papel sirve, además, para matar moscas, envolver pescado, volar cometas y bubasetas, y reciclado, rendir otros servicios más humildes a la humanidad.
En un debate epistolar del siglo pasado el poeta arequipeño Percy Gibson Moller le respondió a su contendor:
“Comencé leyendo su carta con el rabillo del ojo y la terminé con el ojillo del rabo”.
Esto dicho en una computadora no hubiera acarreado el mismo crédito que en papel.
Y eso de acurrucarse a leer una revista o un libro no es tan fácil con un aparato electrónico, aun ahora que han llegado las tablas y tabletas.
El mexicano Carlos Fuentes dice en ‘Diana o la Cazadora Solitaria’, novela que habla de su permanente relación con la cultura norteamericana y de su pretérito amorío con la actriz Jean Seberg, que cuando llega a Estados Unidos se sumerge en las grandes librerías y, abriendo tomos por la mitad, percibe el perfume del escote de una gringa.
Nadie en su sano juicio (y con la excepción de contados periodista veteranos que siguen pergeñando sus artículos en máquinas de escribir) niega la indispensable magia de la cibernética ni el Aleph enciclopédico que tenemos entre manos, pero el problema de las laptops, las tablas o los teléfonos inteligentes es que aún no tienen el aroma de Jean Seberg.
Enrique Zileri Gibson
El Vuelo de las Revistas
Cuando apareció el cine sonoro se dijo que iba a matar a la radio y cuando se divulgó la TV se aseguró que iba a matar al cine, pero nada de eso sucedió.
Algo parecido se está pronosticando para Internet y la prensa, pero la historia del siglo XX demuestra que
los nuevos medios no matan a los anteriores sino que enriquecen las opciones de comunicación. Hay etapas de reajuste, por cierto, y nadie duda que hoy la prensa - sobre todo la prensa diaria en Estados Unidos y Europa - está en un proceso de transición difícil agravado por la recesión financiera.
Pero con las revistas la evolución es diferente allá y en Latinoamérica. Algunos títulos han desaparecido, es verdad, y otros se han reducido, pero las revistas en su conjunto se muestran vigorosas.
Las últimas estadísticas indican que
desde que apareció Google hace 12 años, la lectoría de revistas ha aumentado 11% en los Estados Unidos. Desde 1996, cuando empezaron a masificarse los medios que presumiblemente liquidarían al periodismo impreso,
el número de títulos de revistas en Estados Unidos ha aumentado 15%.
Actualmente
las suscripciones pagadas de revistas están cerca de los 300 millones, que es más que las que había antes que se extendiera Internet. Wired, la revista dedicada a la electrónica y la cibernética que también es un periódico en Internet, cuenta con más lectores y más publicidad en su versión impresa.
Es que, como dicen, si en Internet haces
surfing, en las revistas te sumerges.
El caso de The Economist, semanario británico fundado en 1843, es notorio. Durante décadas se preciaba de su lectoría selectiva. Su eslogan era:
“Nunca en la historia del periodismo se ha leído tanto durante tanto tiempo por tan pocos”. Eso se acabó parcialmente.
La circulación de The Economist se ha duplicado desde 1997 y su venta global ahora (en 200 países) se estima en más de 1.2 millones. Pero el peso socioeconómico de sus lectores sigue siendo su principal atractivo. Unas 2/3 partes de los norteamericanos que leen The Economist ganan más de US$ 100,000 al año.
The Economist vende todo el contenido de su página web y también el audio de su edición sonora... pero el papel sigue cumpliendo el principal papel.
En Latinoamérica la revista
Semana de Colombia va viento en popa y mejor que cualquier periódico. En el Perú,
CARETAS cumplió 60 años en octubre pasado, reafirmando su posición como el semanario más longevo de Latinoamérica, con una edición que se agotó y batió su registro histórico de publicidad.