Nacional ¿Los Dueños de la Ciudad?
La Publicidad Exterior
El lunes pasado tanto
Antonio Meier, el ex alcalde de San Isidro, como
Juan Vega Fernández, el ex gerente municipal,
Jorge Ravettino, el ex gerente de Servicios de la Ciudad, y
Milagros Ortega, la subgerente, se pasaron unas cinco horas siendo interrogados por el secretario de la Fiscalía del Décimo Juzgado Especializado en lo Penal de Lima.
El juez Pedro César González Barrera es quien firma el auto de apertura de instrucción basado en una insólita demanda planteada por Javier Claux, magnate de la empresa Paneles NAPSA, la que reclama nada menos que 20 millones como reparación de pérdidas ocasionadas presumiblemente por el retiro de 176 paletas de publicidad de las bermas y parques de San Isidro. El concejo de entonces, con Meier de alcalde, tomó la medida al vencerse un contrato con la empresa en el 2008, trato que virtualmente la exoneraba de pagos al municipio.
NAPSA, que desde los años 90 cuenta con capital chileno y norteamericano, es una de la principales responsables de destruir el ornato de Lima y alrededores con torres, paneles, paletas, prismas, paraderos publicitarios, vallas, carteles carreteros, etc., en un exceso disparatado que no se permite en Santiago, Washington o cualquier urbe que se respete.
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Torre de publicidad bloquea vía de Emape. |
Aquí la industria de la publicidad exterior tiene una economía muy curiosa. Paga a los municipios muy poco por las ubicaciones, cobra fuerte a los anunciadores y en el medio administra un reguero de comisiones (incluso, se sospecha, a inspectores municipales que hacen la vista gorda con las pancartas clandestinas).
Lima es una ciudad que, a pesar de inmensos esfuerzos en ciertas áreas, da pena si se la compara con capitales similares como Bogotá o Santiago en términos de ornato y urbanismo.
Lima está enclavada en una de las zonas más áridas del mundo y, consecuentemente, entre sus principales desafíos está el de crear áreas verdes. La OMS recomienda un mínimo de 8 metros cuadrados per cápita de vegetación en las ciudades y Lima solo llega a 2.9 m2.
Lo que resulta absurdo es que esas pocas hojas estén regadas de publicidad, desde paletas hasta torres.
El contrato entre San Isidro y NAPSA venció en el 2008 y la firma había sido notificada. Aun así, la firma se las ha arreglado para que el juez González Barrera declare virtualmente reos a los denunciados, les cobre caución, los obligue a comparecer ante el juzgado cada mes, etc.
Dado el comportamiento previo de empresas como NAPSA, los medios de comunicación deben vigilar a ese juez muy de cerca: NAPSA ya había perdido previamente una demanda en lo civil por el mismo motivo contra San Isidro.
Aquí las compañías de publicidad exterior parecen creerse dueñas del territorio. Por ejemplo, Clear Channel, una de las socias de NAPSA, se niega a retirar una torre publicitaria en Nicolás Ayllón, bloqueando (ver foto) una de las vías para la ampliación prevista por Emape.