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Entrevistas Alfredo Rebaza, el factótum de “Ciudad de los Reyes”, una orquesta nacional de talla internacional.

Orquesta de Bandera

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“Los más importantes solistas que han visitado el país (la han calificado) como una de las mejores orquestas de Sudamérica”.

Hace algún tiempo escuché muchos elogios sobre la Orquesta “Ciudad de los Reyes”. Fui a uno de sus conciertos y salí realmente contento y satisfecho. ¡Albricias!, el Perú hoy posee una orquesta de auténtica talla internacional, me dije para mí mismo. No pude resistir hacer el parangón con aquella pobrísima orquesta, la Sinfónica Nacional, que yo escuché por primera vez en el Perú en el año 80 y que desafinaba continuamente y era insufrible por su falta de brillantez y de timbre, hasta el punto de que tras una docena de intentos de resistirla acabó casi borrando mi afición por escuchar la música sinfónica en vivo y en directo teniendo que refugiarme en los cd´s. Preguntando cómo se había producido este milagro llegué a encontrar al factótum, al causante de esta sorpresa y así conocí a Alfredo Rebaza. Lo cité, como es mi costumbre, a almorzar en el restaurante Costa Verde y así, charlando y charlando, descubrí de primera mano lo que representa el esfuerzo por conseguir hacer realidad los sueños que uno acaricia desde la niñez. Quisiera, a lo largo de esta entrevista, poder llevarlos de la mano por esta aventura de la vida. Veamos:

–¿Cómo y cuándo se aficionó usted a la música clásica?
–Desde muy niño. Mi abuelo Alfredo Rebaza Acosta era historiador y escribió entre otros libros, uno monumental: “Historia general de la cultura”. Era un gran aficionado a la música clásica. Mi padre quiso ser pianista y terminó siendo médico cirujano para acabar dando clases de bioquímica en la Universidad Garcilaso de la Vega. Entre mi padre y mi abuelo tenían más de 1,500 vinilos de música clásica y me han contado que antes de los 2 años yo operaba el tornamesa. A los 10 años mi padre me regaló la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Eugene Ormandy con la Sinfónica de Filadelfia. La escuché con audífonos y me impresionó totalmente, aquello fue un tsunami para mí. Fue el primer paso para entrar a una inmensidad sonora que empezó con todas las sinfonías de Beethoven y el Concierto para piano Nº 20 y la Sinfonía 40 de Mozart, acabando por conocer la obra entera de estos dos gigantes de la música. Mozart y Beethoven están demasiado altos para compararlos con los demás.


 


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