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Internacional Acatar la sentencia de La Haya y el “rechazo al uso de la fuerza” acordaron Alan García y Sebastián Piñera en histórica visita de Estado a Chile.

El Acuerdo de Santiago

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Sebastián Piñera y Alan García en La Moneda el miércoles 19.

La visita de Estado a Chile del presidente peruano Alan García el 19 y 20 de enero pasado transitó por el sensible sendero entre el presente, el pasado y el futuro.

Y enmarcada entre la epónima figura de Bernando O’Higgins y la de Diego Portales.

El primero, prócer de la Independencia de Chile y el Perú, y primer Presidente de Chile, quien murió en el Perú tras 20 años de exilio, simboliza la hermandad entre nuestros pueblos. El segundo caracteriza al Chile bélico y expansionista a partir de mediados del siglo XIX.

La visita de Estado se inició con la colocación de una ofrenda floral al pie de la estatua ecuestre de O’Higgins en la Plaza de la Ciudadanía de Santiago y la visita al museo de sitio.

En el cuaderno de visitas, García escribiría: “En homenaje al Prócer Bernardo O’Higgins y en recuerdo de su carácter de emblema de nuestra amistad binacional”.

Acto seguido el vehículo presidencial, escoltado por la guardia montada, se trasladó lentamente a la Plaza de la Constitución, donde se alza la escultura a Portales.

Ahí lo esperaba Sebastián Piñera, el presidente de Chile.

Ambos mandatarios cruzaron el portal de La Moneda pasando revista a la Guardia de Honor del Palacio de Gobierno de La Moneda con paso firme.
“No traemos un mensaje de recelo, jamás de revancha, sino de paz”, aseguró García ante la prensa.

Un intenso sol matinal iluminaba la capital chilena.

“El futuro nos convoca”, declaró Piñera antes de girar sobre sus talones.
Los mandatarios ascenderían por la larga escalinata que conduce al despacho presidencial en el segundo piso de La Moneda.

La empatía y las coincidencias programáticas entre ambos mandatarios fueron manifiestas.

Y la Declaración Conjunta suscrita a las pocas horas reflejó el sustantivo avance en la normalización de la compleja relación bilateral.

Se suscribió el acuerdo marco para mejorar la relación aduanera, proceder hacia la integración de un solo mercado comercial y financiero y la proyección de ambas economías de cara hacia el Asia Pacífico.

Se perfiló el acuerdo marco de integración eléctrica y de las comunicaciones dentro de la llamada “Área de Integración Profunda”.

Se concordó en la necesidad de políticas comunes para la explotación de recursos naturales como el jurel, especie que está siendo depredada por flotas extranjeras en nuestro mar adyacente.

Y se saludaron los avances alcanzados en el diseño de una metodología para la medición y transparencia de gastos militares.

EL ARTÍCULO 15

La Declaración ratificó muchas de las premisas suscritas en la Declaración de Lima, durante la visita relámpago de Piñera en noviembre pasado.

Pero el artículo 15 le puso el toque de sabor, al precisar: “El rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de controversias”.

El sustantivo compromiso amplió los alcances de la Declaración de Lima, que ratificaba “la firme vocación de paz que anima a los pueblos y gobiernos del Perú y Chile y su determinación de consolidar una relación de integración y confianza mutua sustentada en el derecho internacional”.

El presidente Piñera recalcó una vez más que “los tribunales serán los que se encarguen de resolver el litigio”.

El mandatario chileno es el principal gestor del óptimo momento por el que atraviesan las relaciones bilaterales.

Ha asumido el reto de normalizar las relaciones entre el Perú y Chile con coraje e infatigable entusiasmo.

“La visita del presidente Piñera a Lima en noviembre no dejó una estela, sino una certeza”, saludó García.

Y, esta vez, en Santiago, se perfiló con mayor claridad la voluntad de ambas naciones de preparar el escenario para el día en que la Corte Internacional de Justicia de La Haya dicte la histórica sentencia sobre el contencioso marítimo, tan pronto como el 2012.

El desafío será heredado por el próximo gobierno peruano a partir del 28 de julio del presente año, mientras el mandato de Piñera finaliza en el año D.
Pero Piñera deberá lidiar también con una pugnaz oposición política interna, especialmente por parte de los voceros del ex gobierno de la Concertación, quienes aún consideran como un gesto “inamistoso” la demanda planteada por el Perú.

El presidente del Senado, Jorge Pizarro Soto, líder demócrata cristiano, por ejemplo.

EN EL CONGRESO

“Presidente García: Usted entenderá la preocupación generalizada que existe en Chile frente a la demanda presentada por su gobierno ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Ciertamente tenemos una profunda discrepancia al respecto y quiero dejar constancia de ello”, pronunció Pizarro durante la sesión solemne al presidente peruano en el Congreso chileno.

García recogió el guante. “Comprendo, señor presidente del Senado, la natural preocupación a la que usted ha aludido. Pero quiero decirle que no es, en caso alguno, un acto inamistoso, sino por el contrario. Mi voluntad personal, y estoy seguro que de la inmensa mayoría del pueblo y de la juventud del Perú, es superar el último de los pequeños problemas de interpretación para que no quede pretexto en quienes sí creemos en la conjunción y en la voluntad de integración de nuestros países”.

García puso como ejemplo la conquista de la paz entre el Perú y Ecuador, y el caso de Francia y Alemania, “separados por la religión, la raza y la lengua, hoy piedra estructural de la Unión Europea”.

En la compleja relación bilateral peruano–chilena la agenda común suele desaparecer frente a la memoria selectiva, las turbulencias inesperadas, la desconfianza mutua. Los escenarios comunes: la guerra o la paz. Los protagonistas históricos: halcones y palomas.

“En algún momento tenemos que romper el círculo vicioso del recelo”, invocó García ante el Congreso chileno.

Al término de la presentación ante el Legislativo sureño, Pizarro obsequió al peruano una botella de pisco chileno, recibida por García con bonhomía.

CENA EN LA MONEDA

Esa noche, se celebró una cena en homenaje al presidente peruano en La Moneda. La Escuela Nacional de Danza de Chile interpretó un toromata, una marinera y una cueca.

Entre los concurrentes estuvieron Alberto Van Klaven, agente de la causa chilena ante La Haya, y María Teresa Infante, coagente y artífice de la mal halada resolución que creó la Región Arica y Parinacota, en 2006.

Así como la crema y nata del Consejo Empresarial Peruano–Chileno.
“Coincidimos con este Chile de democracia, de libertades y de respeto a los derechos humanos”, afirmó García en el corazón de La Moneda.

El atardecer serrano en Santiago enmarcó de espectacular celaje la ceremonia al aire libre e iluminó el verbo del peruano en sus palabras de agradecimiento a la Orden de Bernardo O’Higgins con la que fue distinguido.

“Con los hermanos no se discute con las armas ni los rencores en el cajón. Las buenas amistades no se construyen sobre el barro del recelo. Que la memoria del pasado ceda paso a la evocación del futuro”, invocó.

El analista chileno y ex periodista de Caretas José Rodríguez Elizondo estaba confundido entre los encopetados asistentes.

Ya peina canas, pero no pierde la esperanza. “¿Por qué no imaginar a García como el líder peruano con el cual pasamos del feroz recelo al inicio del genuino desarrollo?”, se pregunta en su último libro, Chile – Perú: Temas para después de La Haya publicado en noviembre último. “¿Por qué no atrevernos a pensar que Piñera pueda ser su partner en tan prometedora aventura? ¿Por qué no esperar a que nazcan los equivalentes locales de Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, para poder soñar con un futuro diferente?

Luego los distinguidos comensales en La Moneda fueron invitados a pasar a la cena, en el Patio de Los Cañones. Las cuerdas de la relación bilateral invariablemente tensas.(Escribe: Marco Zileri)


 


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