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Internacional Ola de protestas sacude el Medio Oriente. Mubarak se tambalea en Egipto. Occidente teme surgimiento del fundamentalismo islámico.

El Ocaso de los Sátrapas

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El férreo control del poder en los últimos 31 años del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, ha sido socavado por las masivas protestas. Un nuevo estallido de violencia se produjo cuando hordas progubernamentales atacaron a los manifestantes a caballo y con bombas molotov.

Mientras la cancillería peruana prepara la Tercera Cumbre América del Sur – Países Árabes (ASPA), a celebrarse en Lima del 12 al 16 de febrero próximos, el mundo asiste con preocupación al desarrollo de graves acontecimientos políticos que ya llevaron a la destitución del Presidente de Túnez, mantienen acorralado a Hosni Mubarak, Presidente de Egipto, se trasladan a Yemen y amenazan a Jordania. Los mercados reflejaron negativamente el nerviosismo creciente, con incrementos en el precio del petróleo y del oro. Existen fundados temores sobre la forma en que el fundamentalismo islámico influirá en esta situación y cómo se aprovechará de ella y cómo afectará el ámbito estratégico en general, con Irán, Israel y Estados Unidos estrechamente entrelazados en un juego en extremo peligroso por sus ramificaciones nucleares y sus numerosas “áreas calientes” como Líbano y Palestina.

La situación se incuba desde tiempo atrás. Si bien algunos indicadores macroeconómicos han sido positivos –especialmente en materia de crecimiento económico– existen otros como el nivel de desempleo y el de la población por debajo de la línea de la pobreza (la que cuenta con US$ 2 diarios, según el Banco Mundial), que revelan la existencia de situaciones económicas cada vez más negativas para importantes sectores de la población, especialmente de aquellos países árabes que no producen petróleo. Dichas situaciones, unidas a la rigidez de regímenes políticos autoritarios y con acentuada corrupción, han provocado un estado de desesperación que condujo a varias personas a inmolarse en Argelia, Túnez y Egipto.

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Túnez como detonante

El proceso explota el 17 de diciembre de 2010 cuando el vendedor ambulante Mohamed Bouaziz se inmoló en Túnez luego que la policía lo golpeara y secuestrara su carro con verduras, con cuya venta este egresado universitario desempleado buscaba alimentar a su familia. La ola de furia de la juventud tunecina se expandió a importantes sectores de la población y provocaron el exilio en Arabia Saudita del presidente Zine el Abidine Ben Alí después de 23 años de gobierno autocrático, acusado de una generalizada corrupción. En su huida, Ben Alí designó a su Primer Ministro Mohamed Ghannouchi en su reemplazo. La persistencia de las manifestaciones opositoras logró que abandonaran el gobierno quienes habían sido ministros de Ben Alí, y el regreso del dirigente islámico Rachid Ghannouchi después de 20 años de exilio en Gran Bretaña agregó el ingrediente religioso en la moderna y educada sociedad tunecina. Se trata, por cierto, de una transición en extremo difícil.

Cabe destacar el papel que han jugado las redes sociales en este desenlace político, pues ellas sirvieron para coordinar las acciones que llevaron al cambio del régimen. También es interesante notar las recientes filtraciones en WikiLeaks sobre los manejos de corrupción que afectaban a familiares del presidente Ben Alí y su impacto en la revuelta popular. La cadena árabe Al-Jazeera ha sido un nuevo ingrediente que ha contribuido a esta experiencia en que la población de los países árabes reclama tener una voz propia en su presente y en su destino. Estos elementos parecen haber logrado en Túnez lo que el monolítico régimen de los ayatholas iraníes, con sus organizaciones sociales y políticas, logró evitar en junio de 2010.

El último faraón

El movimiento espontáneo en contra del autoritarismo se manifestó inmediatamente en Egipto, un país clave para el mundo árabe. Casi treinta años de gobierno de Hosni Mubarak han generado un régimen de marcada rigidez. Baste indicar que en las últimas elecciones parlamentarias de noviembre, el PND de Mubarak se adjudicó 500 de los 518 escaños; un récord casi soviético. Que, de paso, dejó sin oposición con la cual negociar una posible salida al conflicto que enfrenta. Otros factores incluyen la vigencia de la ley de emergencia implantada al ser asesinado Anwar el-Sadat en 1981, un 40% de la población por debajo de la línea de la pobreza, una creciente agitación laboral y la brutalidad policial revelada en las redes sociales por hechos recientes.

La agitación política provocó una respuesta propia de un gobierno con las características del egipcio: toque de queda, interrupción de la Internet, dispersión de las manifestaciones con disparos con balas de goma y que provocaron numerosas muertes. Luego la suspensión de las emisiones de Al Jazzera y el arresto de sus directivos. Nada de eso logró calmar las protestas, que crecieron en intensidad, llevando a Mubarak a cambiar su consejo de ministros y a nombrar un general como Primer Ministro. La policía fue reemplazada por el ejército en las calles, pero se concentró en los lugares estratégicos y dejó la ciudad librada al pillaje y la violencia. El retorno a Egipto del Premio Nobel de la Paz, Mohamed el-Baradei, abrió la perspectiva de una eventual cabeza de la oposición con talento diplomático como para encarar la difícil transición que se percibe como inevitable. Los países europeos comenzaron la discreta evacuación de sus nacionales.

Egipto ha sido un país clave para el juego de los grandes intereses estratégicos mundiales. Mubarak ha sido un fiel aliado de Estados Unidos que ha destinado más de seis mil millones de dólares anuales en ayuda al país. Los vínculos de Mubarak con Israel han sido clave para lograr precarios avances para la paz de la región. Egipto también ha jugado un papel importante en las negociaciones con Irán respecto a sus planes nucleares. Baste señalar que Shimon Peres, presidente de Israel, manifestó el apoyo de su país a Mubarak. Algo que puede interpretarse como el beso de la muerte en un país en el cual los asesinos de Anwar el-Sadat salieron de las filas del ejército cuando éste selló la paz con Israel. Un ejército que hoy juega un papel decisivo en la búsqueda de la estabilización que permita resolver los graves problemas creados por décadas de autoritarismo. Las incógnitas que hoy plagan la situación de los países árabes incluyen el destino que espera a los países árabes moderados, los cuales están siendo “contaminados” por su alianza con Estados Unidos en una población que ha visto décadas de satrapías como la egipcia y la tunecina, que terminan con mayores sufrimientos y penurias económicas y sin progresos en materia de democracia y derechos humanos.

Los países árabes parecen estar descubriendo algo que en América Latina ha costado aprender: que la democracia es un complemento imprescindible del progreso económico, pues sin democracia no es posible introducir las correcciones necesarias para superar los problemas socioeconómicos antes que se conviertan en una bomba de tiempo. También la experiencia en América del Sur pone el acento en los precarios avances en materia de lucha contra la corrupción y la necesidad de profundizarlos, así como la de perfeccionar la vigencia de los derechos humanos. Se trata de temas incorporados a las declaraciones de las dos cumbres precedentes de ASPA. Veremos qué tratamiento se les concederá en esta tercera cumbre.(Escribe: Luis F. Jiménez)

La Hermandad Musulmana


Según la BBC, “treinta y cuatro miembros de la Hermandad Musulmana –el mayor grupo de oposición en Egipto– escaparon de la cárcel durante un motín en medio de la actual ola de protestas que sacude el país. El grupo incluye a siete miembros de la dirección de la organización”. Con ello, emerge nuevamente a la luz la Hermandad, perseguida por el gobierno de Mubarak, y que habría apoyado al Premio Nobel El Baradei como negociador de la transición política con el gobierno.

El ideólogo Sayid Qutb fue ejecutado por Nasser.

La Hermandad Musulmana de Egipto es una influyente organización política cuyo efecto se ha hecho sentir en el mundo árabe en general y en Al Qaeda en especial. Fundada en los años 20 por Hassan al-Banna, la Hermandad cobró notoriedad a través de los escritos de Sayyid Qutb que ejercieron particular influencia en los fundadores de grupos musulmanes radicales, entre ellos el Jihad Islámico y Al Qaeda. Hassan al-Banna fue asesinado en 1948 y Sayyid Qutb fue ejecutado por Nasser en 1966. La Hermandad llegó a contar con dos millones de seguidores y se concentró en luchar contra el colonialismo inglés en Egipto. La lucha continuó contra el gobierno de Nasser, cuya ideología secular y nacionalista provocó su oposición. Nasser puso en prisión a miles de miembros de la Hermandad después de un intento de asesinato contra él en 1954; el uso de la tortura contra ellos fue rutinario.

La Hermandad y los escritos de Sayyid Qutb postulan la creación de estados regidos por la ley islámica o “Sharia” y afirman apoyar la vigencia de principios democráticos. Existe una profunda oposición contra el modo de vida occidental que Sayyid Qutb experimentó en su estadía de casi dos años en Estados Unidos, donde fue becado para estudiar el sistema educativo entre 1948 y 1950. En este año, se afilió a la Hermandad tan pronto como regresó a Egipto. La confrontación con la violencia emanada del régimen de Nasser lo condujo a profundizar su filosofía política basándose en el Corán como medio de cambiar la sociedad y eliminar la servidumbre del hombre por el hombre. La forma de alcanzar esa sociedad ideal sería a través de la lucha (Jihad) y de difundir las verdades del Corán. Estos serían los instrumentos para la creación de una comunidad islámica de vanguardia para difundir por todo el mundo esta verdad religiosa y política. Según Qutb, el verdadero Islam transformaría todos los aspectos sociales, eliminando todo aquello que no fuera musulmán. Sayyid Qutb es considerado uno de los más influyentes pensadores musulmanes de la era moderna junto a Hassan el-Banna y Ruhollah Komeini.

El hermano de Sayyid Qutb, Mohamed, se trasladó a Arabia Saudita después de su liberación y se convirtió en profesor de estudios musulmanes y se dedicó a editar, publicar y promover el trabajo de Sayyid. Uno de sus estudiantes y seguidor fue Ayman Sawahiri, que se convirtió en miembro de la Jihad Islámica de Egipto y luego en mentor de Osama bin-Laden y uno de los directivos de Al Qaeda.


 


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