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Opinión “Los candidatos hablan de lo que hablan porque lo tienen que hacer. aún cuando no tengan idea por donde comenzar...”.

¿Celular o Desagüe?, Habla pe

BARCELONA, 27 DE ENERO DE 2011

¿De qué hablan los candidatos cuando hablan de reducir la pobreza? ¿Qué tiene de carne y de sustancia una promesa como esa que está en la boca de todos ellos (& ellas), tanto como el compromiso de luchar contra la corrupción? ¿Cuál es el significado real de los guarismos que nos dicen, oficialmente, que en los últimos años se ha detectado una reducción importante de la pobreza extrema en el Perú? Los candidatos hablan de lo que hablan porque lo tienen que hacer, aún cuando no tengan la más mínima idea de por dónde comenzar… ¿comenzar a hacer qué? Y en cuanto a las cifras que da el INEI, estas vienen sustentadas en los sistemas de indicadores usados para medir condiciones de vida establecidos por organismos internacionales especializados. Las variables que suelen aplicarse son, al grueso modo, los ingresos per cápita, el acceso a los servicios de salud y educación, los índices de nutrición, la tasa de mortalidad infantil, la mortalidad materna, la disposición de servicios básicos, como vivienda, electricidad, agua potable, desagüe, la agujereada canasta familiar.

Eso, ya fue. Si el lector se toma el trabajo de recorrer el Perú, sobre todo en sus desmesuradas áreas urbanas, y conversa con la gente, especialmente con aquélla que según el INEI es pobre o está saliendo de esa condición, encontrará una realidad completamente distinta. Pobre, en nuestro país urbano y periurbano de hoy, es quien no tiene un celular, un reproductor de DVD, un video pub en la esquina de la casa, un Iphone, una tarjeta plástica que lo acerque al crédito. Como para demostrar que este fenómeno viene en el paquete de lo global, en un notable artículo publicado recientemente en el dominical de un tabloide nacional, el sociólogo Francisco Durand analiza la actual gran crisis de la economía norteamericana. Allí hace mención a que el consumo masivo en la sociedad gringa en las últimas décadas se ha centrado en productos muy baratos hechos en China o en algún lugar del Tercer Mundo, sobre la base de una motivación a la compra que no distingue entre necesidad y placer. Cuando la crisis se gestaba y nadie parecía darse cuenta, la educación y la salud se encarecían, mientras que ciertos productillos de connotación ultramoderna, se abarataban. Acceder a estos da una apariencia de bienestar inmediato que ayuda a olvidar la realidad de las cosas.

Pero es que también es cierto que para un intermediario en el comercio de flores frescas de Tarma, por así decirlo, el celular resulta decisivo, pues de una llamada puede depender que sus gladiolos luzcan preciosos en los arreglos de un matrimonio, o que se mueran en el camión porque se cayó el bisnes. El desagüe, en cambio… si ahí están los baños de los grifos –aunque sus puertas siempre se encuentren cerradas con llave– y por último, las laderas de la carretera. ¿Y el agua? Total, el camión cisterna la sigue trayendo, carísima y llena de bichos pero caballero nomás. Electricidad, todo el mundo tiene, con medidor o con colgada del poste. ¿Educación? A la vuelta de la casa se ha abierto un colegito privado de setenta soles al mes, ¿qué tal será?, ya pe, no me compliques la vida compare. ¿La salud? Bien, gracias.

No estoy planteando, ojo, un alegato moralista sobre una supuesta alienación expresada en el consumo de trivialidades. Tampoco me estoy colocando en el lugar de las señoronas pitucas cuando dicen, “mira las barriadas, pues, miles de chozas miserables pero todas con antena y hasta plato de televisión”. Lo único que pretendo con estas especulaciones es poner ciertas cosas en su lugar, cuestionar la manera como se mide la pobreza y por tanto, se establecen las estrategias para reducirla. Lo que quizás esté en el corazón de este desencuentro entre el Estado y la gente, sea el hecho de que en las mediciones de las condiciones de vida no se incluye la opinión del sujeto sino que se trabaja sobre una especie de realidad objetiva sin individuos, que a la larga no da cuenta de casi nada. Como por ejemplo, de que hoy por hoy el mejor indicador de que la pobreza extrema se está retirando, es la inauguración de un Mega Plaza ahí donde antes había una paradita. ¿Así será? (Escribe: RAFO LEÓN)


 


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