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Entrevistas Las vigas maestras de la filosfía de vida, y aprecio por la cultura clásica, del arquitecto Frederick Cooper Llosa.

El Arquitecto Armónico

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“Sin que suene pretencioso yo me he pasado la vida tratando de aproximarme a un entendimiento más armonioso y justo de la existencia”.

Frederick Cooper Llosa (71), limeño, ilustre arquitecto, personaje de la alta y bien acuartelada bohemia artística peruana, gurú cultural y siempre conocido en todas partes como Freddy Cooper (transformación de nombre que a él no le gusta) se ha ido moviendo por el mar de la vida enfrentando toda suerte de agresiones propias del marketing seudo artístico y tramposo hacia la cultura auténtica y bien cimentada que él siempre ha defendido con gran entereza. Ahora, mesa por medio en el restaurante Costa Verde, desgrana ante mí un torrente conceptual de ideas en defensa del arte, llenas de un equilibrio silente y apasionado a un tiempo, que esclarecen la verdad de sus propuestas. Su impresionante currículum lleno de becas, diplomas, premios, entorchados y altos cargos culturales explica, con toda lógica, ese “art de vivre” en que sus escarceos artísticos lo han situado. Entremos en todo esto.

–Su nombre lo dice todo. ¿Es usted de estirpe anglosajona?
–Yo soy hijo de Maxwell Cooper, un británico que nació en Iquique (Chile) cuando mi abuelo, emprendedor y aventurero, también llamado Maxwell, trabajaba en una salitrera. La mezcla de sangres empieza cuando éste se casó con mi abuela Irene, hija de vasco-francés y peruana. Mi abuelo muere cuando mi padre tenía 3 años y cuando cumplió 6 lo enviaron a Inglaterra a un internado de Jesuitas y se quedó allí hasta los 20 años, en que volvió al Perú y ya no a Iquique para comenzar a trabajar en el ferrocarril de la Peruvian Corporation, compañía cuyo presidente era Frederick Cooper, el hermano de mi abuelo.


 


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