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Opinión Escribe: RAFO LEÓN

Cuatro Diarios al Día

“¿No es un dictador este Primer Ministro (Berlusconi) que se adueña de los medios de dentro de la Unión Europea, como un pulpo?”.

BARCELONA, 4 DE FEBRERO DE 2011

Tres semanas en la península, de ellas dos en Cataluña, de hecho la zona con la que mejor me llevo en todo este sancochado que se resiste a ser considerado un país. Por eso es que no escribo “tres semanas en España”. Te objetarán los catalanes y los vascos y los gallegos. Lo cierto es que lo que más tiempo ocupa mis rutinas es la lectura de los diarios, esos diarios que para la elite culta promedio han cedido a la banalidad, no pueden soslayar sus intereses empresariales, han decaído en estilo, les falta garra. Y yo me leo al día al menos cuatro: El País, El Mundo, La Vanguardia, Público. Me gasto entre los cuatro los seis euros mejor pagados de mi vida, porque tirado en la terraza de un departamento barcelonés en Bailén con Córcega, bajo un sol que entibia los 14 grados de temperatura y las torres de la Sagrada Familia brillan no muy lejos de mi mano, ahí es cuando leo y leo y leo, artículos, informes, reportajes, entrevistas, editoriales, columnas, comentarios sobre libros y películas y obras de teatro. Cuando me doy cuenta, he pasado la mayor parte del día leyendo periódicos peninsulares.

El tema de estos días son las revueltas de Oriente Medio, las he seguido desde el aletazo de mariposa de Túnez –cuando un joven frutero se autoinmoló por no tener ya ni para comer– hasta el huracán egipcio, pasando por las apuradas concesiones que se están llevando a cabo en Jordania y en Yemen, intentos de curarse en salud que no tienen muy buen pronóstico. La profecía del choque de civilizaciones pareciera estar a punto de comenzar a cumplirse, Occidente observa con pasmo a esas masas desesperadas que quieren por fin hacerse sentir, pero que también conllevan en su grito la amenaza de una islamización que acá en la península tiene connotaciones de reconquista recargada.

En medio de tantas opiniones plurales y diversas, entre los análisis, especiales y comentarios de enviados y corresponsales en esa parte de África, me hago una pregunta. El eje del debate está en la democracia como un derecho universal, un ideal superior al de las ideologías y religiones y particulares. Oriente Medio pugna por engarzarse al sistema democrático siglo XXI y apoyar ese reclamo es algo que no se discute. Sin embargo, algo me falta para completar el rompecabezas, algo que debería estar y no está. Algo que significaría para los europeos mirar hacia adentro y medir los términos de sus propias democracias, en el contexto de una UE que lucha contra una crisis incomparable. Me refiero a Berlusconi y lo que il cavaliere significa en un momento como este. Las putas pagadas por ciudadanos que aplauden su propia estupidez respaldando al caficho, la prostitución de menores inmigrantes, la burdelización del país. Pero también, las fórmulas que Italia propone para salir del hoyo: desregular del todo las relaciones laborales, tal como ha hecho la Fiat con el beneplácito del gobierno. Acabar con todo lo que signifique gasto sin retorno: subsidios para pobres, compensaciones por despidos, pensiones justas. Entre las fiestas bunga bunga y ese liberalismo de caverna, Berlusconi define un tipo de democracia que se ríe hasta del propio nombre. Es interesante contrastar la manera como se juzgan por acá las dictaduras dinásticas árabes, que han sumido a los países del Magreb en miserias brutales y en corrupciones más brutales aún. Pero, ¿Berlusconi? ¿No es un dictador este Primer Ministro que se adueña de los medios de comunicación dentro de la Unión Europea, como un pulpo? Hay algo aquí que no encaja del todo, quizás el zumbido de dos morales, una diferente para cada oído. Una real arbitrariedad periodística en la que caen todos, los cuatro diarios más importantes de la península que hoy acabo de terminar de leer, antes de ponerme una bufanda y salir a caminar por el Paseo de Gracia. En los bares, donde ya no se fuma, la gente enloquecida corre con el chato Messi, los camellos y caballos de la plaza Tharir bien pueden esperar a que finalice el partido.


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