
Mención Honrosa
No Hables, Actúa
Escribe: MANUEL SERNA PONCEAunque no me creías, te dije que no era fácil hacerlo, y tú dale con insistir, que no pasa nada, que el pata no está en nada, y que ya fue en lo que era, y ni hablar que se la teníamos jurada, pero no siempre hay que saldar las cuentas pendientes sin tener todas las cartas fuertes de la baraja aseguradas, y por supuesto que me moría de ganas de hacerlo, de meterle los fierros con todo, sin contemplaciones, sin asco ni melindres, que para eso se pintaba mejor el tremendo huevas de Justo, que paraba diciendo que el que la hace la paga, que me dé un sajiro y con ese mote me lo llevo de encuentro, y viste, cómo se paseó con él, ni porque estaba con sus causas en el bar de la esquina, y el ambiente estaba candente y como electrizado, y el baboso de Justo tuvo el pretexto preciso y adecuado, pero el gran pendejo le ganó el vivo, y Justo que dudó una vez que ya lo había retado, y estaban cerca, y sé que Justo siempre paraba con una chaira bien al cinto pero caleta, y estuvieron frente a frente, y fueron segundos fatales que no supo aprovechar el Justo, y antes que hiciera el primer movimiento sintió el caño frío del cuete en su frente, y qué hay concha de tu madre, a quién te quieres llevar de encuentro hijo de puta, y todo recontrahuevón Justo comenzó a temblar, y la gente abrió cancha y sus causas en la mesa no atinaban a nada todavía, y pum, retumbó el tiro cerca de la oreja de Justo, que había cerrado los ojos, y cuando los reabrió medio atontado por el sonido y el olor a pólvora, él tenía la mirada fija en sus ojos, y otra vez no hables, actúa, huevonazo, y anda ponte pañales, y la risa estruendosa que estremecía el local lo acompaña al Justo, y siente algo húmedo en la entrepierna, y se percata que se ha meado, y se mira el pantalón, y cuando vuelve a levantar la vista ya no estaba el jijuna, rápido se había deslizado fuera del lugar, por eso lo comencé a seguir para saber a dónde iba, y descubrí que se metía a un llonja del antiguo barrio, y esperé como tira en chamba de seguimiento, y fueron como tres horas que lo hice, y me cagaba de hambre y de frío, pero me mantuve firme, ya lo tenía centrado y pensé que mejor no te decía nada, y como la deuda de sangre también era mía, me dije me lo llevo solo de saque, y pensé que si se metía a otra de esas cantinas que gustaba frecuentar, buscaría la mejor forma de joderlo, ya sabía que estaba enfierrado, y ni cojudo que lo iba a retar como hizo Justo, ni huevón que fuera para regalarme, y cuando entré a la chingana él estaba sentado en una mesa junto a dos tipos, que a la legua se notaba que eran rosquetes, y ajá me dije, te jodiste cabrón de mierda, ya te tengo, y era un local pequeño y las pocas mesas estaban llenas, y me fui al mostrador y le dije al que atendía que me diera un corto, y cuando lo sirvió me lo zampé de golpe, y pedí otro, este sí para demorarlo, hacer tiempo y explorar el ambiente, y al voltearme para mirar hacia las mesas sentí como si todos me observaran, y aun cuando desviaban los ojos al fijar los míos en ellos, estaba claro que era el centro de atención de la clientela, y cuando miré hacia la mesa de él me percaté que ni me empelotaba, y seguía en la conversa con los maricas, y a pesar que estos también me miraban mientras le daban a la lora, él ni se enteraba de mi existencia y seguía tomando a forro, y ellos pagaban como si nada, y me dije que estaba frito el pescadito, y si bien continuaba sintiendo las miradas puestas en mi persona, aproveché que no me decían ni pío, y seguí pidiendo otros tragos, pero me medía y sabiendo que estaba mareado comencé a dar la apariencia de estar más borrachazo, y seguía sintiendo la chaira asegurada a mi pierna, y lo dejé ir un par de veces al urinario al pendejo ese, y se veía que estaba huasca y andaba a trompicones, y me dije que a la tercera va la vencida, y seguí esperando, y cuando calculé que de nuevo estaba metido en el urinario pensé que se la clavaría bien a fondo en un pulmón, y la gente ya no me miraba y parecía que todos sabían lo que iba a pasar, y bajaban la vista, y me metí al urinario y lo vi de espaldas orinando, y ya te tengo concha de tu madre me dije, y justo cuando ya tenía lista la punta en mi mano y se la iba a clavar, siento que alguien me toca un hombro y me pasa la voz, y eras tú cojudazo, habías entrado de cazuela para orinar en esta cantina, y me hiciste dudar, y perdí los segundos preciosos y vitales en que decides una acción, y el sonido de los disparos fue terrible, y ya ves lo que nos pasó huevón, nos descuidamos de a dos, y ni corto ni perezoso el gran pendejo nos palomeó juntos, y también nos dijo: otra vez no hablen, actúen, cojudazos; y ahora qué dices huevón, estamos cagados en este lúgubre lugar, hombro con hombro, y siento frío, mucho frío, y me da cólera haber caído tan mansitos, sin haber saldado la cuenta que teníamos con él, y para remate, y tú lo sabes mejor que nadie, fuimos nosotros los que le enseñamos a manejar los fierros y cómo se hace para llevarse de este mundo, en el momento preciso que debe hacerse, a los que hablan y no actúan.