Internacional La continuación de la protesta egipcia conlleva el riesgo del avance radical islámico.
Egipto: Después de Mubarak
 |
Celebración en la cariota Plaza Tahrir (“Liberación” en árabe), tras el anuncio que Mubarak renunciaba a su puesto. |
La renuncia de Hosni Mubarak el viernes 11 de febrero pasado, en momentos en que se reunía nuevamente una muchedumbre en la Plaza Tahrir para exigir que dejara el poder, provocó una ola de euforia en Egipto. Mubarak entregó el poder al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, las cuales han pasado a ser el eje de la vida política egipcia.
Con posterioridad, las Fuerzas Armadas anunciaron que han disuelto el Parlamento, iniciado la revisión de la Constitución para modificarla y que convocarán a elecciones para que las nuevas autoridades civiles asuman sus funciones en un plazo de seis meses. Los gobernantes realizaron una invocación para que los agitados manifestantes regresaran a sus trabajos y detuvieran las demostraciones.
La respuesta no ha sido alentadora. Una ola de demostraciones y huelgas para lograr mejoras salariales recorre todo Egipto. Con ello se acentúan los graves perjuicios económicos derivados de 18 días de demostraciones y parálisis y se continúa afectando el funcionamiento de los bancos y hasta de la lucrativa actividad turística. La Bolsa de Valores, que había anunciado su reapertura el domingo 13 de febrero, no ha reiniciado sus labores. Hasta la Policía asiste a un movimiento de huelga de sus miembros.
La continuación de las protestas en medio de un activo proceso político caracterizado por cambios fundamentales, justifica pensar que con la salida de Mubarak la revolución recién comienza. El temor de unos es la erupción del caos en el cual avancen los movimientos islámicos radicales como Al Qaeda y, en menor medida, de su enemiga, la Hermandad Musulmana. La esperanza de otros es que, con la construcción de un ordenamiento democrático, florezcan los movimientos musulmanes moderados y los sectores afines a las democracias occidentales. La complejidad de la situación la patentiza el retroceso en las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes y la evolución en el Líbano, procesos en los cuales Egipto había tenido una participación relevante.
Al cierre de esta edición, se informaba que Suiza y Gran Bretaña habían congelados las cuentas de Mubarak y de algunos de sus allegados, mientras la salud del ex gobernante empeoraba aceleradamente.
Radio Nederland informaba, por su parte, que la casa de apuestas bookmaker.com, la más grande del mundo en su especialidad, había iniciado un juego de apuestas sobre el futuro de los gobiernos de los países árabes. Este juego “tiene a Yemen como el ligero favorito. En caso de un levantamiento multitudinario en Yemen, la agencia pagará 1.8 veces el monto de la apuesta.
Jordania podría hacer doblar la suma invertida. El que puso su dinero por Argelia podría ver triplicada su inversión. El gordo es Arabia Saudita: está pagando 60 veces”. (Escribe: Luis F. Jiménez)