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Actualidad Inédita suspensión de encuestas dejaría pregunta con apagón: ¿quién pasa a la segunda vuelta?

Al Cielo Rogando

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“Quiero expresar mi fuerte protesta por un acto que me parece anticonstitucional, nada democrático y que puede ser el primer paso hacia un fraude electoral en esta contienda”, dijo Toledo sobre disposiciones del JNE.

En su Ensayo Sobre la Ceguera, José Saramago fabuló la historia de una inexplicable epidemia que dejaba a todo el mundo en tal condición. La invidencia general termina por despertar lo peor del ser humano y precipita bajezas innombrables.

Podría redibujarse la trama en plena guerra por Palacio de Gobierno, con un “apagón” permanente de encuestas de aquí al 10 de abril. Cabe imaginarse la guerra más sucia, las denuncias de fraude, los datos y resultados desconcertantes.

Y, por cierto, la metáfora puede voltearse para los críticos de la “encuestocracia”, quienes sostienen que lo que hacen los sondeos es precisamente influenciar al votante hasta el punto de nublarle la vista.

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En cualquiera de las dos orillas cuesta imaginar un mundo político sin las encuestas. Más aún, es casi imposible pensar una campaña presidencial contemporánea sin tomarle periódicamente el pulso a la intención de voto.

Ese es el inédito escenario al que nos enfrentamos si no se supera la controversia entre el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la Asociación Peruana de Empresas de Investigación de Mercado (APEIM).

El Jurado modificó el reglamento del registro electoral de encuestadoras donde se establece que las últimas entreguen informes más completos de sus sondeos de intención de voto y una base de datos que incluya “DNI, teléfono y dirección de cada uno de los encuestados, de manera que se pueda realizar un submuestreo de lo presentado, que permitirá verificar el grado de coincidencia, y catalogar la calidad de esta en tres niveles: no confiable, confiable y aceptable”.

El APEIM reaccionó con una reunión de emergencia y un posterior comunicado por el cual suspende la elaboración de encuestas electorales si es que el JNE no vuelve sobre sus pasos. La Asociación “muestra su total rechazo a dicha medida, por afectar seriamente la realización de encuestas, que constituyen una garantía de las elecciones democráticas, y por afectar derechos constitucionales como el de los ciudadanos a mantener en reserva sus convicciones políticas”. Añade que “no existe precedente alguno en el mundo democrático que permita revelar a la autoridad la identidad de los entrevistados para medir la intencionalidad del voto”.

Alejandro Toledo salió a capitalizar el encontronazo como ha ocurrido en otros momentos de la campaña. “Quiero expresar mi fuerte protesta por un acto que me parece anticonstitucional, nada democrático y que puede ser el primer paso hacia un fraude electoral en esta contienda”, declaró. Instó a que el JNE y la ONPE no se dejen “chantajear” por las críticas. “¿Quiénes protestan? Los que están abajo.

Castañeda que está cayendo y Pedro Pablo que no sube”. Como lo dicta la impronta de su campaña, metió en la colada al presidente Alan García, quien según él apoya la iniciativa del JNE “para proteger a sus candidatos favoritos”.

No hay Primera sin Segunda

El “Cholo” sale con la pata en alto y todas sus declaraciones son cuidadosamente hechas en función de llegar a la Plaza de Armas.

¿Pero sería en verdad el perjudicado en caso de una suspensión de las encuestas? (en realidad, como lo anota Alfredo Torres de Apoyo, se trataría de una suspensión de la difusión de las encuestas, las que se seguirían haciendo. La ley del JNE solo controla su publicación en los medios).

Las experiencias del último cuarto de siglo demuestran que la solidez de febrero no garantiza el boleto a la inevitable segunda vuelta en abril (ver nota aparte). No hay, por supuesto, modelos rígidos. Y la presente campaña tiene su propia dinámica: los candidatos de fuerza son un ex presidente que promete sin chistar el control de precios mientras los alimentos suben en todo el mundo, la hija de otro ex mandatario encarcelado y un ex alcalde que no habla y cuando lo hace suele meter la pata.

Busca dar la sorpresa el líder nacionalista que representa un voto popular y de descontento –¿vergonzante? ¿Escondido bajo el radar de las encuestas?– que suele repuntar en las últimas semanas. Ya ocurrió con el propio Ollanta Humala en el 2006, con Alfonso Barrantes y antes con el APRA.

Y Pedro Pablo Kuczynski, un flautista de Hamelin que no pretende encandilar ratas ni niños, como en la leyenda, sino robar votos que, según las encuestas, se encuentran presumiblemente en el bolsón de su ex jefe Toledo. La particularidad de la campaña es tal que el ex premier habla muy poco en sus actos proselitistas, toca la flauta y le cede la oratoria al motivador mexicano Miguel Ángel Cornejo. Así lo hizo por el norte del país y lo volvió a hacer el miércoles 16 en el estadio de la Universidad de San Marcos, en Lima.

Según la última encuesta de Apoyo (ver cuadro), Toledo la vería color de hormiga para ganarle a Castañeda en segunda vuelta, pues ambos aparecen empatados con 42% en ese caso (“No sé por qué me tiene pánico”, dijo el candidato de Solidaridad Nacional de su adversario). Keiko Fujimori, en cambio, pinta como una contrincante más vulnerable (48% contra 36%).

Con ese escenario, y con la volatilidad histórica que va de febrero a abril en año electoral, no es ningún lugar común especular que cualquier cosa puede pasar dentro de una caverna sin encuestas.

El Anonimato

Alfredo Torres de Apoyo sostiene que “ya teníamos una de las normas más estrictas de control de las encuestas. Enviamos la base de datos al Jurado con un detalle muy amplio de nuestra metodología. Recientemente nos han pedido incluir la relación de distritos, la tasa de rechazo a las encuestas, en suma un nivel muy elevado de información. Hemos atendido los requerimientos pero esto cruza la raya porque va contra un principio esencial en las encuestas, que es el del anonimato”.

Torres formula una pregunta hipotética: “¿Qué pasa si un funcionario dice que va a votar por Ollanta Humala?”.

Fernando Tuesta, del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica, considera que “lo del Jurado es absolutamente inédito. No existe en ninguna parte del mundo. No creo que sean digitados pero sí que han sido sensibles a lo que han estado diciendo los candidatos. Si te va mal, hablas mal. Es como la ley de la gravedad. Por ejemplo, Castañeda apareció primero durante todo el 2010 y nunca se quejó. Luego se convirtió en un enemigo acérrimo de las encuestas”.

Añade que “hasta hace poco el JNE declaraba que no tenía capacidad operativa para fiscalizar. Esto significaría redoblar esa capacidad”. Torres coincide al preguntarse si la norma obligaría al Jurado a licitar la supervisión a un privado y termina siendo la encuestadora apristona “Idice la que, por ejemplo, controla el trabajo de la Católica”.

El enfrentamiento puede trascender la frontera. Wapor es por sus siglas en inglés la Asociación Mundial de Investigación de Opinión Pública. A ella pertenece la APEIM y en marzo del año pasado emitió un comunicado en el que alertaba sobre el proyecto de ley aprista de “derecho de veeduría” de los partidos sobre las encuestas. La iniciativa, respaldada por el presidente Alan García como también ocurre ahora, no llegó a nada. Tuesta asegura que con las disposiciones del Jurado “haremos un papelón internacional”.


 


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