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Opinión Escribe: RAFO LEÓN

Recolectores Seguimos Siendo

SOBREVOLANDO CAYENNE, 18 DE FEBRERO DE 2011

Nadie sabe ya a estas alturas del partido cuáles son las diferencias tajantes entre una sociedad desarrollada y otra que no lo es; el relativismo –bendito sea– ha puesto también entre comillas los estándares con los que hasta hace no mucho se catalogaba a los países en puntuaciones según su proximidad con el desarrollo. De ahí los clásicos carteles de primer, segundo, tercero y cuarto mundo, de ahí también las arbitrarias mediciones sobre calidad de vida, que privilegian a un solo modelo de sociedad como el ideal, y vertebran a los países concretos sobre la base de su distancia con esa utopía situada en la claraboya de la caverna platónica, quizás la menos accesible para la realidad pedestre de los hombres en comunidad.

Yo sí sé cuál es la principal diferencia entre una sociedad desarrollada y otra que no lo es. En las primeras hay una circulación natural de bienes públicos que pertenecen a todos y a la vez, a nadie, y cuya utilidad radica precisamente en estar disponibles para quien los desee o necesite. Un baño en la calle, el papel higiénico, el jabón, las toallas; un diario colgado en la pared del café, el servilletero en medio de la mesa de un restaurante con terraza a la calle, el control remoto en la habitación del hotel, los colgadores de ropa suspendidos en el clóset, la fruta expuesta en sus cajones en el chino de abajo en plena calle Leganitos del centro de Madrid, las barandas metálicas del Metro, las pilas de publicaciones de distribución gratuita colocadas en el foyer del cine Verdi en el barrio de Gracia, en Barcelona.

Hace once años que viajo profesionalmente por el Perú, y no profesionalmente, la vida entera. En este tiempo he visto y he experimentado evoluciones, involuciones, cambios esperanzadores y trastoques cargados de desilusión. Algo que se mantiene igual es la actitud recolectora que mantenemos los peruanos, la misma que corresponde al Paleolítico, antes de que el hombre aprendiera a generar bienes mediante la agricultura y la manufactura. Ahora mismo, en el vuelo que me está llevando a Lima, entré al baño del avión y estuve a punto de meterme al bolsillo el frasco de agua de colonia que está allí, a disposición de todos los pasajeros. No lo hice, por eso estoy escribiéndolo.

Hasta hace no mucho tiempo viajar por carretera en el Perú ofrecía un severo problema, sobre todo a las mujeres: el baño. No había servicios decorosos en los grifos ni en los restaurantes. Lo que se encontraba solía ser una mugre, espacios donde la animalidad del usuario se desplegaba como en el campo la de las cabras y los caballos. Muchas veces los baños de restaurantes eran adaptaciones delirantes a la arquitectura original, he visitado alguno construido debajo de una escalera, donde para hacer pichi había que colocarse a metro y medio de la taza del water con el cuerpo arqueado hacia atrás. Los zapatos pagaban el pato. Debo decir que eso en promedio ha cambiado, hoy hay baños limpios en las estaciones de servicio, en los restaurantes de carretera, en las comisarías… pero siempre están cerrados con llave.

La gente se roba lo que puede en los baños, ni qué decir del papel higiénico, el jabón, la toalla, el toallero y la papelera. Al punto que ya estos elementos no se reponen, costaría demasiado. Pero no queda ahí, hay quienes levantan la tapa del tanque del wc y arrancan los fierros del mecanismo de desagüe. Por eso en muchos lugares se ve que una reja con candado atrapa el tanque, como en los ingresos a los condominios de La Molina. No hay hotel donde el control remoto del televisor no esté encadenado y se haya decidido no poner colgadores de ropa, para qué. La gente se roba los cables de cualquier cosa, los timbres de las puertas, los espejos de los cambiadores de las tiendas, el mundo se termina mañana y hay que apoderarse de lo que haya. Si me llevo la ferretería del water de un baño público, me estoy haciendo yo de un baño privado, o al menos, al impedir que otro lo pueda usar, ya establecí la norma de la igualdad. Esa es la diferencia entre subdesarrollo y todo lo demás.


 


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