Policiales Sicario mostró su coartada durante la reconstrucción del crimen de Myriam Fefer.
Gato Asesino
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Con agilidad felina, el sicario colombiano trepó una reja de dos metros, un muro de ladrillo y cayó de pie en el jardin de la residencia de Myriam Fefer, en San Isidro. |
La noche del lunes último, el sicario colombiano Alejandro Trujillo Ospina (35), asesino de Myriam Fefer, dejó boquiabiertos a la jueza Carmen Choquehuanca, a los testigos y a la prensa que se había congregado para la reconstrucción del crimen, ocurrido hace cinco años, en la residencia de la cuadra 2 de Paul Harris, en San Isidro.
Con agilidad felina, trepó la reja de 2 metros de alto del parque privado que da a la espalda de la casa de los Fefer. Una vez en el parque escaló un muro posterior y cayó en el jardín.
Escaló, no sin dificultad, hacia una ventana que da a un baño colindante con la habitación de la empresaria de origen israelí, en la primera planta.
Trujillo intentó demostrar que nadie le abrió la puerta de la residencia, la madrugada del martes 15 de agosto del 2006. Según dijo, al irrumpir en el dormitorio, la empresaria empezó a gritar. La ahorcó para callarla y la mató, contó. Luego, agregó, cogió el celular de la víctima, US$ 7,000 que estaban a la vista y salió por donde entró sin ser visto.
Ariel Bracamonte, presente en la reconstrucción, pidió que constara que si el sicario hubiera saltado por dicha ventana, la pared habría quedado manchada de sangre. Criminalística no encontró manchas en el lugar.
Un peritaje policial demostró que en todo el perímetro de la casa no se evidenciaban huellas de que alguien escaló por la pared. Y por último, pese a su agilidad mostrada inicialmente, cuando el sicario trató de trepar nuevamente el muro posterior para salir de la residencia, no lo logró.
Trujillo, por cierto, tampoco pudo explicar la llamada realizada desde el celular de Myriam Fefer al de su hija Eva, a la 1:30 am, cuando ella ya estaba muerta, pero insistió: “Nadie me ayudó. Entré a robar, eso fue todo.