Nacional Lenguaje corporal, kinésica y microexpresiones en campaña.
La Política Del Gesto
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1 La mirada firme sugiere firmeza. Pero el movimiento errático de la cabeza es una negación de todo lo que dice, según Fernando Olea, de Doctus. 2 Las manos ayudan a ejemplificar lo que se dice. Pero tocarse a sí mismo puede ser un gesto de autoafirmación. Una forma de darse ánimo. |
Una sincera mirada de sorpresa ante una pregunta incómoda no dura más de un segundo. Un paso hacia atrás luego de una declaración firme echa la sombra de una duda sobre todo lo dicho. Quien mira hacia la esquina superior derecha buscando una respuesta en su memoria está mintiendo, a menos que sea zurdo. Son algunas de las premisas de quienes afirman que la verdad está inscrita en el cuerpo.
Para los estudiosos del lenguaje corporal y las microexpresiones (conocidas como FACS, ver recuadro), una persona promedio dice 3 mentiras cada 10 minutos de conversación. La ciencia no lo confirma, pero tal ejercicio de psicología aplicada sigue funcionando en ciertas coyunturas. Sobre todo en interrogatorios y entrevistas.
La campaña presidencial bien podría aportar once ratones de laboratorio.
El contexto es propicio. La palabra se devalúa, ya sea por el déficit educativo de los electores, por el déficit de credibilidad de los elegibles o porque aun cuando Alejandro Toledo habla, casi de inmediato se desdice. Castañeda y Keiko juegan al mutismo selectivo. Ni hablan ni escuchan. Obras son amores, ya se sabe. Solo Humala y PPK hablan más o menos claro, desde los extremos de sus aún pequeñas orillas.
Pero hablar es solo el 7% de la comunicación. El 93% de la comunicación política es no verbal, dice Harry Witchel, profesor de la Universidad de Sussex. Junto a Patti Wood, Janine Driver, Mark Jeffries, JJ Newberry (no Rendón) y Bill Brown, lector de polígrafo del FBI, ha defendido la tesis de la lectura corporal. Los ejemplos internacionales dan un pie local. La “pelea” entre Arafat y Barak en Camp David, allá por el año 2000, para ver quién entra último a la reunión. El famoso apretón de George Bush con Tony Blair, que recuerda al de Alan García a Alejandro Toledo tras el debate del 2001. El duelo que Kennedy le ganó en la pantalla a un Richard Nixon sin maquillaje en aquel primer debate televisivo. Las lagunas verbales de Bush Jr. y sus campechanas salidas de paso con la cabeza agachada, tan Toledo él. La ubicación central de Roosevelt en la conferencia de Yalta, logrando manejar a Stalin y Churchill, que recuerda por oposición el juego de sillas musicales entre Vargas Llosa, Belaunde y Bedoya en aquella primera conferencia del Fredemo donde todos querían estar en el medio. O Nixon escondiendo su cabeza entre sus hombros, cual Castañeda en el Comunicoregate.
Quizá por eso importan tanto esos paneles. Es lo que el psicoanalista Julio Hevia llama “la esloganización del rostro”. Es la virtualidad de una imagen photoshopeada que intenta ocultar al verdadero candidato: el que solo puede decir la verdad a través de actos fallidos. Es Toledo codeando a su mujer, PPK perdiendo el control, Humala alzando la voz y Alan García saltando grotescamente. Para el también psicoanalista Jorge Bruce, en la ya famosa foto de Keiko con el ceño fruncido “asoma una ferocidad que no le conocíamos”. Quizá sea la “cara de diablo” de la que habló alguna vez Susana Higuchi. (Escribe:Carlos Cabanillas)
Marcas de Verdad
Hay casi siete billones de personas en el mundo, pero todos nos parecemos cuando mentimos. La frase es del Dr. Cal Lightman, personaje interpretado por el actor Tim Roth en la popular serie de Fox
Lie to Me. El programa ya atraviesa su tercera temporada y la fórmula parece funcionar: llevar a la ficción la psicología de Paul Ekman, pionero en el estudio de las microexpresiones de las universidades de Chicago y Nueva York. Ekman creó el Facial Action Coding System (FACS) para clasificar las expresiones de menos de un segundo de duración. Son 43 músculos principales que, combinados, generan al menos 10 mil expresiones detectables.