Opinión Escribe: RAFO LEÓN
El Santo de Los Locos
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“La religiosidad popular piurana es humana hasta la idolatría y se entrama con sentimientos y necesidades de los pobres”. |
COLÁN, 27 DE FEBRERO DE 2011El templo de San Lucas de Colán tiene fama de ser el primero que construyeron los conquistadores en las tierras del sur en el inabarcable nuevo continente. Hay quienes desmienten ese privilegio a favor de otra capilla, ubicada en Tangarará, un sequísimo territorio próximo a Sullana donde la gente guarda una devoción religiosa muy profunda a pesar de que no hay rastro alguno de la que se supone fue la sagrada construcción primigenia y sí abundan, en cambio, estructuras y depósitos de la época de los tallanes. Para el caso da lo mismo cuál sea el templo más viejo, pues viejas son las cofradías que hasta ahora sostienen cultos, festividades y organización social en estas latitudes del campo piurano donde el olor del palo santo y el olor del mar se confunden en la noche, y eso es lo que importa cuando se trata de una fe que está viva.
Don Secundino Ruiz integra el comité para la restauración del templo de Colán, y él mismo me va paseando por cada uno de los altares mientras me explica la identidad de los distintos santos. Ahí está la Virgen de Las Mercedes, tan importante en Colán y en Paita, el Señor Cautivito de Ayabaca, san Lucas (“¿es el evangelista?”, pregunto. “No, es bien cristiano, nada con los evangélicos”, recibo como merecida respuesta). Santiago el Apóstol, el Matamoros, es quizás el que congrega mayor devoción y de hecho en su fiesta sale una danza que debe datar del siglo XVI, llamada Caballitos, que está registrada y dibujada por Martínez de Compañón y su equipo de viajeros en el XVIII. Hay un san Simón sin vestidura de altar, solo su cuerpo de palo, recién restaurado, y tiene el aspecto de un maestro rural, con pantalón azul y camisa blanca de cuello, si no tuviera esa cara de bueno hasta podría pensársele afiliado al SUTEP. Llegamos ante una imagen que a todas luces es la de un Cristo atado de manos en pleno suplicio, pero no, “es el Señor de Huamán”. ¿Y quién es el Señor de Huamán, ¿un Cristo, así como el de la espina, el de la caña, el de Huanca? “No, es el Señor de Huamán, no es Cristo”. Ahí entiendo lo incomprensible: el santo es la imagen, de no haber imagen no habría santo. Y al costado, san Andrés, “este santo era un médico de locos y por acá hay hartos locos, por eso en su fiesta una señora del pueblo se disfraza de loca y a todos nos hace correr”.
La religiosidad popular piurana es humana hasta la idolatría y se entrama con los sentimientos y necesidades de los pobres del campo y el litoral. No se parece en nada al cruento y sobrecargado barroco del sur andino, donde las ofrendas son danzas deslumbrantes destinadas a alegrar a dioses de mal talante. En cambio en el desierto norteño, la idea de dios es la idea de un personaje familiar, que tiene sus parientes –los santos– una mamá muy buena y muy elegante y un montón de allegados y entenados con los que se puede comer y beber y compartir confidencias y favores. El Señor de Huamán, a todas luces un ídolo, es a la vez el personaje que Colán debe haber necesitado en algún momento para cohesionar algún barrio o recuperar a familias que por pleito o por chisme, sufrieron marginación.
Gran paradoja, Piura es al mismo tiempo que esa religiosidad más mesoamericana que andina, el feudo del Opus Dei más poderoso del Perú. Universidad, obispado, una clase alta en gran parte próxima a sus dictados, le dan soporte económico, social y político. Luego de visitar el templo de Colán con Secundino, fui a un puesto y compré los diarios. Por ahí encontré una foto de Juan Luis Cipriani, envarado como nunca, con la soberbia descolgada de las comisuras de los labios y los párpados semicerrados para ver menos mundo del que hay. La noticia: quiere que de una buena vez se oficialice el control de los bienes de la Universidad Católica por parte del Arzobispado de Lima, dado el fallo del Tribunal Constitucional. Secundino quizás habría pensado, “¿ya consultó el padrecito cardenal con san Andrés a ver si no es cosa de locos?”