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Actualidad Toledo y Humala proponen aumentar el impuesto a la riqueza. Y Alan García está de acuerdo.

Trío Tributario

Escribe:ENRIQUE CHÁVEZ

El presidente Alan García hizo unas declaraciones que pasaron por debajo del radar. Cuando el sábado 26 inspeccionaba las obras del Estadio Nacional justificó la reducción de un punto del IGV, que “subió temporalmente de 18% a 19% en el 2002 y nunca bajó. Lo que hemos hecho es volver a la situación de siempre”. Explicó que la recaudación por IGV del 2005 fue de S/.18 mil millones, mientras que el año pasado fue de S/.35 mil millones y para este año, aún con la reducción de un punto, se proyectan S/.38 mil millones. “Cuando algunos economistas dicen que eso sería quitarle recursos al Estado se olvidan que el Perú es dinámico y en los últimos años creció 35% en producción”.

Luego reconoció la naturaleza “injusta” de impuestos indirectos como el IGV y sostuvo que a mediano plazo deberían subir los tributos directos, “los que pagan los ricos que pueden viajar al extranjero y tienen casas de playa”.

La redistribución, un concepto que asomaba tímidamente en la campaña del 2006, es ahora una palabra central en el glosario electoral.

Trabajos recientes de organismos como Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional concluyen que la política tributaria es una de las herramientas más importantes en la muñeca del Estado, junto con los servicios públicos de Educación y Salud, para influir en la distribución del ingreso.

Si nos guiamos por las declaraciones de García, resulta que se encuentra de acuerdo con los dos candidatos que más lo critican.

Óscar Dancourt y Félix Jiménez detrás de las reformas tributarias propuestas por toledismo y humalismo.

IMPUESTOS DIRECTOS

El programa de gobierno de Perú Posible comienza prácticamente con su propuesta de política tributaria. En el primer punto se lee que “para mejorar la equidad se propone ampliar la base de impuestos directos”. Por impuestos directos se entiende básicamente a las rentas, ganancias de capital y a la propiedad. Fuentes cercanas a la Chakana señalan que se trata de una propuesta puesta sobre la mesa por Óscar Dancourt.

En la plataforma de Alejandro Toledo no se detalla en qué consistiría ese incremento tributario pero lo mismo ocurre con la mayoría de propuestas presentadas en el documento.

El caso de Gana Perú de Ollanta Humala es más explicativo. Félix Jiménez ha puesto la reforma tributaria y el debate sobre gravámenes mineros en el tope de la agenda nacionalista (CARETAS 2169). En su plan de gobierno Humala propone “elevar el peso de los impuestos directos” a través de:

–Aumento de tasa a las distribución de las utilidades, de 4.1% a 5.6% “para acercar el impuesto a la renta a 35%, como es el caso de Chile”.

–Incremento del impuesto al patrimonio, que actualmente representa solo el 0.2 del PBI, “mediante el reajuste gradual del valor de la propiedad predial hasta llevarlo al valor de mercado”.

–Restitución del impuesto a la herencia.

Los programas de Solidaridad Nacional y Fuerza 2011 no hacen ninguna mención semejante. El programa de Luis Castañeda asegura la “autonomía constitucional de la SUNAT” pues “la tributación que el Perú necesita para construir equidad en el país tiene que estar protegida de la influencia de operadores políticos y grupos profesionales al servicio de intereses particulares”. Para Solidaridad se puede lograr un aumento de la presión tributaria equivalente a 3 puntos del PBI “sin modificar las actuales tasas impositivas”.

Keiko Fujimori solo promete “facilitar el pago de impuestos”.

Pedro Pablo Kuczynski ya señaló hace algunas semanas que el Banco Mundial, que también recomendó aumentar los impuestos directos en América Latina, “se ha quedado en el año 1,300 en materia tributaria”. PPK pretende bajar el IGV y el impuesto a la renta para estimular la formalización y calcula que así la presión tributaria podría pasar del 15% al 20%.

REFORMA A LA VISTA

El debate divide a quienes creen que basta con ampliar la base tributaria con más formalización y combate a la evasión, y los que le añaden a la ecuación el aumento de impuestos directos, no solo para aumentar la recaudación sino también para que el Estado le ajuste las tuercas a la desigualdad.

Los últimos encuentran argumentos en informes como el del Índice de Desarrollo Humano publicado por Naciones Unidas, en el que se revela que el peso promedio de los impuestos directos en América Latina es equivalente a menos del 5% del PBI, mientras que en Estados Unidos y la Unión Europea llega a representar más del 16%.

Los primeros, en cambio, cuentan con opiniones como la del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima (CCL). El IEDEP acaba de recomendar que la reforma tributaria sea tomada en cuenta en el debate electoral pero bajo el prisma de la eliminación de las exoneraciones en la Amazonía y zonas altoandinas (lo que en sus cálculos representaría el 2.1% del PBI), el ordenamiento de los llamados impuestos antitécnicos y la mencionada ampliación de la base tributaria, que ya pasó de dos millones a más de cinco millones de personas en la última década, para repartir la carga entre más contribuyentes.

El mismo informe recuerda que, si bien la recaudación promedio de los últimos años es de un 15% del PBI, la presión tributaria “efectiva”, aplicada sobre el 40% de la economía formal, es de 38.4% y en ese caso sería digna de un país desarrollado. Dentro de poco se conocerá el destino de una generosa porción de crema.


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