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10/Mar/2011
 
 
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Elecciones 2011 Comunicador mete las manos en la masa publicitaria de cada candidato.

Cocinando Una Campaña

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El teflón de Toledo se asienta sobre una clara segmentación de su público. Pero le falta un acto final de humildad.

PPK y su adiós a la gringada

Panchita, la mujer que tanto ayudó a la crianza de mis hijas, me dijo hace poco que PPK le parecía un gringo prácticamente recién llegado. Es probable que ese sea el mayor prejuicio que Kuczynski haya tenido que enfrentar en esta campaña. Un prejuicio curioso, además, en un país que en su momento eligió a un ciudadano japonés. Me pregunto qué hubiera ocurrido si Panchita, hace unos meses, en lugar de toparse en su televisor con el spot que lanzó a la Alianza por el Gran Cambio –ese que mostraba a algunos rostros trasnochados que no prometen cambio– se hubiera encontrado con otro donde PPK le hace notar que ambos tienen más en común de lo que se imagina. Pancha y sus seis hermanos son hijos de migrantes, tal como lo son la gran mayoría de familias peruanas. Descienden de personas que dejaron lejos sus hogares para realizar sus sueños en otra tierra. La historia de PPK pudo mostrarse de manera similar: el hijo de un alemán que dejó su hogar para servir a leprosos en la selva peruana. El niño que, en Iquitos, sintió en su casa las adaptaciones a una nueva vida. En un país de migrantes, ser uno de ellos puede ser un tesoro para generar empatía. Y sin empatía previa, no hay propuesta que luego se tome en serio.

Ollanta y el lema de su dilema


Para estas elecciones Ollanta Humala ya no tiene el principal activo que disfrutaba en las anteriores: la novedad. Cinco años de apariciones en la prensa le han dejado un lugar como protagonista de nuestra política pero le han restado la rutilancia que da una primera aparición. Además, aquel discurso flamígero que lo llevó lejos hace cinco años, tiene cada vez menos resonancia en un país que crece por obra de sus emprendedores individuales. La idea de “un Perú para los peruanos” puede calar más en un hastiado poblador del sur peruano que en un elector joven y globalizado de Laredo, en Trujillo. Por eso, esta campaña encuentra a Humala a la mitad de un proceso personal que quizá se defina en el 2016. Por ahora ha cambiado el rojo por el blanco y el polo del cachaco por el traje del estadista. Lo que me hubiera gustado ver esta vez es algo que García hizo con astucia hace cinco años al presentarse como “el cambio responsable”: dejar por sentado que hay cosas buenas que no deben cambiarse, pero que hay cosas inhumanas que no pueden permitirse en ninguna nación que se ame.
Un concepto como “Plata hay, pero injusticia sigue habiendo” pudo haber sido el pretexto para explicar de manera emotiva cómo el dinero de las inversiones puede ser mejor aprovechado para brindar servicios de calidad en salud, educación y justicia.


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