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17/Mar/2011
 
 
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Entrevistas Un descubrimiento insólito: el caudal expresivo y la paleta luminosa de un pintor que derrotó a la adversidad.

La Lucha Por la Verdad

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“Se que algún día visitaré las pinacotecas importantes del mundo. Triunfaré a lo grande”.

Un amigo al que conocí hace años en la revista Caretas y que no quiere que dé su nombre, me llama por teléfono y me pregunta si conozco la obra del pintor Bruno Portuguez y le contesto que no. “Deberías entrevistarlo, es un pintor fantástico, entérate y verás”, me dice. Yo, un tanto escéptico y algo renuente recurro al Google para informarme y allí descubro más de ochenta cuadros de este pintor que al agrandarlos uno a uno y observar el detalle me dejan turulato y sin respiración. ¡Este hombre es un genio!, me digo a mí mismo. Consigo su teléfono, le llamo y quedo citado con él en su estudio de Chorrillos. Su obra me impresionó. Tiene una fuerza de color paradigmática que va desde el añil al rojo fuego entremezclando una amplia gama de colores en la que destacan los ocres pétreos. Es un pintor de verdad y con verdad. Hay ráfagas de ese impresionismo luminoso a lo Sorolla en sus marinas y de un puntillismo hecho a paletadas gruesas con cierta fuerza expresionista, aunque soterrada, en sus temas andinos. No pierdo el tiempo y lo cito para el día siguiente en el restaurante Costa Verde para entrevistarlo. ¿Dónde aprendió a pintar así? ¿Cómo surgió el pintor? Que nos lo explique.

–¿Antecedentes familiares?
–Mi madre nació en Imperial, muy cerca de Cañete. Mi padre era chinchano y fue pescador artesanal toda su vida, ya que se pasó 70 años pescando en Chorrillos con carné de sindicato desde los 14 años, aunque antes de esa edad ya lo hacía informalmente. Mi padre murió ahogado a los 84 años, “algún día me sacarán muerto del mar”, bien que cumplió su palabra (sic). Resulta que unos meses antes de morir no iba a pescar por atender a mi madre que había sufrido un derrame cerebral. La salud de mi madre no era nada buena, tenía diabetes y muchas otras cosas producto de una vida de trabajo intensísimo, porque trabajó en las chacras y tuvo que atender a 13 hijos. Cuando se había recuperado del derrame cerebral mi padre volvió a su pesca diaria y es cuando se ahogó, el 12 de marzo de 1966, y un mes exacto después, el 12 de abril, murió mi madre del dolor. Éramos una familia pobre, nos faltaba casi de todo excepto la comida, ya que siempre comíamos pescado porque lo traía mi padre.


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