Elecciones 2011 La guerra sucia en campaña o cómo acabar con un candidato a tres semanas de las elecciones.
Campaña Electoral: Manual de Demolición
Qué lejanos parecen los días en que la gente saludaba a su candidato estrujándole la mano y no las gónadas. Por ese entonces, gritarle “¡drogadicto!” a un rival no era cosa de todos los días. Decirle a un presidente que su gobierno estaba integrado por “cacasenos y bribones” era un insulto sin precedentes. Hoy en día, la frase de Mario Vargas Llosa parece una simple pataleta versallesca. Para quienes la entienden. ¿Qué se considera guerra sucia en tiempos en que filtrar una conversación privada llena de insultos provoca solo bostezos? Que lo diga el candidato Alejandro Toledo, agraviado por la filtración de los llamados
Whiskyleaks y subsanado de inmediato no por la justicia peruana –oxímoron si los hay– sino por el aburrimiento que suscita comprobar que dice lisuras.
Para Alfonso Salcedo Rubio, quien reniega de ser considerado el padre de la guerra sucia en el Perú, solo deberían prohibirse los ataques personales. “Zaraí fue un ataque sucio”, dice uno de los creadores, junto al creativo Giovanni Quero, del infame spot del shock que se propaló durante las elecciones de 1990. “Todo lo que se haga para prevenir a la población es válido”, explica defendiendo su creación. “Todo lo que vimos en el spot del shock terminó sucediendo”. Salcedo coincide: los puntos débiles están expuestos. Keiko no maneja su partido, y Gina Pacheco es la prueba viviente. PPK tiene los pasivos de los gobiernos de Belaunde.