Cine La sanación espiritual tras el documental “Esas voces que curan”.
Curación en 8 mm
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Ackerman y Greer durante rodaje en San Francisco, Pucallpa |
Maestra curandera de añejo abolengo; la voz, el instrumento de sanación: ícaros o cantos como el vehículo para alcanzar una supraconciencia, complementados al uso de plantas medicinales para curar traumas físicos, emocionales y espirituales. El retrato místico de la curandera Herlinda Agustín tiene origen amazónico en la comunidad de San Francisco, a orillas del río Ucayali, pero la difusión va en fotograma occidental.
Se trata del documental “Esas voces que curan”, de las realizadoras Delia Ackerman y Heather Greer, su más reciente producción que se encuentra en las etapas finales de postproducción y busca ver la luz. “La intención es la de ser curados. Y Herlinda, la protagonista, tiene ese poder en la voz”, señala Ackerman: “Buscamos reconocer la distancia y, a partir de ella, ver lo común entre la cultura shipiba y la nuestra. Aprender cómo ellos, a través de los cantos, nos curan en la película”.
Para Ackerman y Greer el nexo es Herlinda. “Ella representa a la mujer, a lo que hay detrás de cada una”, explica Ackerman.
Durante el rodaje, Herlinda contrajo cáncer cervical y, en diciembre último, pereció. El lamentable suceso, no obstante, también es representado en el documental en la bivalencia de sanar y morir. “Su enfermedad parte en el útero, que es el mundo, la matriz de éste. Herlinda, así, representa al mundo entero y la enfermedad en el centro de la mujer. Es casi una metáfora”, explica Ackerman.
Por su lado, la norteamericana Greer explica que “la filmación la hemos realizado tanto en la comunidad de San Francisco, Pucallpa, como en el Hospital Neoplásicas, buscando el intercambio entre ambos mundos. Dormimos y vivimos con ella, incluso cuando estuvo internada. Herlinda siempre demostró saber la importancia de contar su historia”, una donde la tradición de maestra curandera parte de sus abuelos y ha tocado a varios de sus 7 hijos y 27 nietos.
Al final, para los chamanes, “la vida y la muerte es más natural –explica Ackerman–: antes que el sufrimiento está la aceptación de la condición mortal”. Y, sin embargo, la ascensión mediante la curación del espíritu por la voz es, siempre, la posibilidad a tentar.