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Arte Ambicioso proyecto invita a descubrir los secretos de la restauración de la obra maestra de Luis Montero.

Funeral Resucitado

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Milagro artístico.
Craqueladuras y deformaciones fueron corregidos. Aquí, Vicente de Valverde apartando a una de las mujeres del inca, cuyo rostro se basó en el del dibujante arequipeño Palemón Tinajeros.

Puesto boca abajo el coloso, su espalda dejó expuestas las fracturas de su armazón. Los rayos infrarrojos, posteriormente, revelarían las grietas insospechadas de su piel. Con sus 300 kilos de peso y una dimensión de cuatro por seis metros, el cuadro Los funerales de Atahualpa se presentaba, así, como un reto mayor al contemplado. El plan de conservación del lienzo de Luis Montero dejó entonces lugar a un más ambicioso proyecto de restauración a cargo del Museo de Arte de Lima.

La obra, que con sus 33 personajes narra el momento en que las mujeres del inca tratan de impedir sus exequias y ruegan ser enterradas con él, ha sido calificada como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur, aunque hoy sus detalles resulten bastante ajenos a la realidad precolombina. La obra, trabajada por Montero en Florencia, fue expuesta por primera vez en Lima en 1868, poco antes de que el artista falleciera de fiebre amarilla en el Callao.


 


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