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Elecciones 2011 Matemática de las urnas lo pone cerca de Palacio. Ahora deberá escoger entre la maduración de su propuesta y el mero despelote.

Los Desafíos de Humala

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Al voltear la mirada en esta complicada coyuntura, allí está Ollanta Humala. Y cuán difícil sigue siendo todo.

El comandante retirado del Ejército ha probado ser un personaje voluble, atrapado en una situación mucho más grande que lo que su discurso sugiere hasta ahora. El debate comprobó sus limitaciones, aunque en sus últimas intervenciones se muestra mucho más solvente.

Su oferta política se ha sostenido en la oposición de la turbamulta. Acogió agendas casi emparentadas con el crimen organizado, como la de algunos cocaleros. Sus bancadas, la entrante y saliente, son nutridas de manadas de oportunistas. Primero con los políticos de UPP que le sirvieron de vientre de alquiler. Ahora son izquierdistas del más rojo cuño, curtidos en el piteo eterno sin experiencia verdadera de gobierno.

De otro lado, su plan de gobierno introduce variables atendibles como la de la reforma tributaria y el impuesto a las sobreganancias mineras. ¿Cómo oponerse por ejemplo a la creación de una marina mercante, extinguida en un Estado que descuida desde hace muchos años sus flancos estratégicos?

Pero lo grave permanece en otras páginas: un cambio constitucional que entraña la amenaza del populismo listo a perpetuarse y el papel preponderante del Estado en casi toda la Economía, lo que solo puede acabar en desastre. También la revisión y renegociación de contratos de concesiones de puertos, aeropuertos y explotación de hidrocarburos. Y ni qué decir de una relación con los medios de comunicación que tiene ecos del desastroso modelo de colectivización velasquista.

Humala se ha parapetado en la sonrisa blanqueada por sus asesores brasileños y ya no quiere hablar siquiera de ese plan. Sus primeras movidas después de la primera vuelta parecen también encaminadas a la ortodoncia política. El nombre de Beatriz Merino como posibilidad de primera ministra así lo sugiere.

En esa línea también ha ido su esfuerzo por acercarse a Lula da Silva y alejarse de las peligrosas payasadas de Hugo Chávez. Si bien es cierto que sus aliados conocidos del Partido de los Trabajadores tienen un discurso más radical que el del gobierno brasileño (CARETAS 2175), también es cierto que ellos mismos reconocen que Lula, y ahora Dilma Rousseff, encabezan administraciones moderadas por la fuerza de los deseos del electorado. Exactamente lo que debería pasar en el Perú.

A pesar de todos los problemas, Alan García acaba de demostrar lo que significa la maduración política. Humala tiene que haber visto los caminos divergentes que ha tomado la izquierda de hoy en América Latina. El problema no es tanto la agenda progresista como el carnaval del despelote. El otro extremo de la criticada “teoría” del Perro del Hortelano puede dar paso al descontrol en dos patadas, como ocurre con el gobierno de Evo Morales que tanto acaba de felicitar a Humala.

Lo que queda de campaña es, en realidad, lo más fácil. Cualquiera en su posición puede lograr treparse al caballo. Pero arriba comprobará que éste no es de paso. Patea, escupe y relincha. De fuera le caen piedras, incluso balazos. Y las habilidades de este posible jinete son todavía un misterio.

ANULACIÓN MUTUA

Pocas veces pesó tanto la desaparición del sistema de partidos del Perú. La temida y advertida “canibalización” del centro y centro-derecha atomizó el voto de casi la mitad del electorado en tres opciones políticamente similares e incapaces hasta el final de concertar.

Aunque suene a verdad de Perogrullo, es mucho más probable que un sistema de partidos pueda construir candidaturas viables y diferenciadas a partir de las alianzas que se cocinan; y no al revés. Un caso clásico y reciente es el de la Concertación chilena. En la política peruana, la carreta va siempre por delante del caballo.

La teoría se traslada a la práctica. Pedro Pablo Kuczynski contó que, poco antes de lanzar su candidatura, le ofreció a Alejandro Toledo su participación en la campaña de Perú Posible sin que eso implicara un cupo en la plancha presidencial. Toledo le respondió en inglés que no gracias, pues PPK no era welcomed en la chakana. Se sabe que una de las principales resistencias provenía de Carlos Bruce.

Kuczynski capturó la imaginación de parte del electorado con una propuesta interesante y un plan de gobierno coherente. Pero también reveló una pasmosa falta de reflejos políticos cuando, el jueves 7, Toledo lo convocó públicamente a él y a Luis Castañeda para “conversar” sobre el futuro de la triada. PPK respondió que se trataba de un “truco” de Toledo y que era ridículo que quien venía en subida, o sea él, renunciara. Pero, en su posición, debió persuadir precisamente a Toledo de tirar la toalla. Versiones provenientes de Perú Posible sugieren que incluso Eliane Karp se inclinaba por esa posibilidad de última hora.

No deja de ser interesante que las dos opciones que pasaron a la segunda vuelta estuvieran siempre, desde perspectivas distintas, en la cancha; con bancadas significativas y candidaturas oficializadas desde tiempo atrás. PPK acordó su alianza con el PPC y César Acuña al cierre del plazo legal para inscribir candidaturas. Toledo casi desaparece del país en los cinco años pasados, a pesar de los lúcidos pedidos de personajes como Carlos Ferrero. El ex alcalde de Lima ni siquiera presentó candidatos a las últimas elecciones municipales y regionales y reivindicó textualmente que sería “aséptico” en ese sentido.

ALCALDE ADVERTIDO

A Castañeda se le dijo y se le advirtió. CARETAS dedicó dos carátulas, en enero y junio del año pasado, a intentar persuadirle de una candidatura que prometía problemas, tanto en el estilo poco flexible del candidato como en su endeble aparato político. Por entonces Castañeda volaba en las encuestas y la percepción de varios medios de comunicación. Un alcalde de comprobado éxito que pudo quedarse al frente de Lima prefirió lanzarse a una piscina incierta, contra el probado consejo de la historia. Para la empresa “parchó” su movimiento con políticos exiliados de otras tiendas políticas y un asesor venezolano que habló más que el candidato.

Al final insistió en su candidatura a pesar de que todas las encuestas ya lo colocaban bien atrás. Responsabilizó de su derrota a la campaña desplegada por el tabloide toledista pero añadió que “a la larga, Dios todo castiga”. ¿A los electores que no iban por Fujimori y Humala, quiso decir?

CORRUPCIÓN EN PRIMERA FILA

¿Qué autocrítica le cabe hacer a la prensa? No suele ser el ejercicio preferido en las salas de redacción y los estudios de televisión. Pero es indudable que muchos medios del pos-fujimorismo pasaron de la crítica indispensable al régimen democrático a una verdadera demolición del sistema. Si un transeúnte se para frente a un kiosco podría pensar que el país vive siempre al borde del apocalipsis. La alarma se magnifica en los diarios y radios de provincias. La corrupción como prioridad absoluta de la agenda; real, exagerada y simplemente imaginada como en buena parte del caso “Petroaudios” fue un poderoso fermento del voto humalista.

Toledo leyó con astucia inicial ese descontento, así como García se aprovechó en el 2006 de la percibida frivolidad del gobierno del “cholo”. Pero esta vez el ex presidente insistió con esa lectura y construyó su candidatura a partir de la oposición a un régimen democrático, casi como si del fujimorato se tratara. El electorado no es estúpido. Si un candidato que representa la continuidad se vende como el enemigo jurado de su propio sucesor al frente del gobierno, un importante sector del electorado se inclinará por quien promete verdaderos cambios. Y así pasó. No deja de ser sintomático que quien se presenta como la opción anti-corrupción ganara la primera vuelta y se enfrente en la segunda a quienes representan al gobierno más corrupto de la historia.

En consecuencia, el aprismo sale descalabrado, como le pasó a la chakana del 2006. A diferencia de entonces, el país crece como nunca antes, las obras de infraestructura baten récords y la pobreza se redujo de 48% a 32%. Todo en medio una crisis financiera internacional. Pero las grandes etapas de auge traen también un tsunami de expectativas. Ahí no fue suficiente la muñeca presidencial a pesar del permanente discurso optimista de García, que en una era de fragmentación podría competir con Humala con su promedio de 30% de aprobación.

Los recursos abundaron pero el Estado sufrió de una marcada incapacidad para ejecutar el gasto. El pecado original estuvo en la decisión inicial de reducir los salarios al sector público, cuando lo que se necesitaba era precisamente contratar suficiente personal profesional para administrar la bonanza.

El gobierno también se quedó en el cantón social. El conjunto de los sectores de Educación, Salud y programas sociales suman el 8% del PBI, mientras que el promedio de América Latina es 12% y más en Chile (19%) y Brasil (26%). Es así de sencillo, a pesar de avances innegables como el inicio de la carrera pública magisterial y la expansión inicial de Juntos, programa clave de reducción de la pobreza que sin embargo vio su presupuesto inexplicablemente estancado desde el 2008 (CARETAS 2175).

Esas deficiencias se extienden al sector Interior. La percepción de inseguridad incrementa la tentación autoritaria. El clamor por orden contribuyó a poner al Perú, de nuevo, en una encrucijada.

Hora de Fracciones

Fragmentación del Congreso obliga a salvaguardar el Acuerdo Nacional.

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Las bancadas son la suma de varios subgrupos, desde el humalismo hasta la “chakana”, que aloja a Acción Popular y otros partidos.


La composición fragmentada del Congreso emula a la primera repartición del 2006 (ver cuadros). Pero la drástica reducción de la bancada aprista, un colectivo sólido y disciplinado, se hará sentir.

En ese sentido, se teme que el Congreso esté aún más fraccionado. Las bancadas grandes, además, son la suma de varios subgrupos, desde el humalismo hasta la “chakana”, que aloja a Acción Popular y otros partidos. Las infaltables subdivisiones internas pueden generar problemas.

Que lo diga si no el propio humalismo, que vio muy rápidamente segmentada su bancada, luego de la escisión con UPP. Entonces, la bancada ingresó agresiva. Se recuerda el bochornoso incidente con las congresistas cocaleras.
Pero en el transcurso de los años fueron madurando. En la primera etapa se opusieron vehemente a los TLC con EEUU y la Unión Europea. Pero en su conjunto han aprobado el 90% de las leyes del Ejecutivo en el Parlamento.

Cierto que en los cinco años nunca votaron a favor de la Ley de Presupuesto de la República, pero actuaron con ponderación y madurez en materia de Relaciones Exteriores y el caso de Chile, así como el nombramiento de cargos electivos como el Defensor del Pueblo.

El punto de choque más agudo fue el rechazo a las leyes del “Perro del Hortelano”. La pugna desembocó en la tragedia de Bagua en el 2009.

No dieron su brazo a torcer tampoco en las reformas constitucionales, insistiendo siempre en el retorno a la Constitución de 1979, y se opusieron a cambios básicos como la bicameralidad, la eliminación del voto preferencial y la elección de representantes al Congreso por lista única.

En una coyuntura semejante, es apenas lógico volver a espacios de consensos mínimos como el Acuerdo Nacional. Y ni Fuerza 2011 ni Gana Perú son parte del mismo por voluntad propia. El miércoles 13, Max Hernández y Agustín Haya de la Torre, directivos del AN, plantearon públicamente a Keiko Fujimori y Ollanta Humala que suscriban las 32 políticas de Estado y el Plan Bicentenario como un mecanismo de consolidación de la democracia. El fujimorismo ha tenido un asiento en el AN por intermedio de Martha Chávez y Andrés Reggiardo. Sin embargo, la primera no representa a Fuerza 2011, y Reggiardo con Cambio 90 se alió a Luis Castañeda.

En el caso de Ollanta Humala se abrió una ventana de oportunidad recientemente. El economista Félix Jiménez, jefe del Plan de Gobierno de Gana Perú, participó de la reunión del Acuerdo Nacional del 4 de marzo. Jiménez se excusó de participar en la siguiente reunión aduciendo una decisión del Comité Político de su partido. Sin embargo, un representante entregó el documento prometido sobre Economía Nacional de Mercado.

En ese sentido, el aprista Luis Gonzales Posada considera que este es el “gran momento para que no solamente Humala y Fujimori sino todos los partidos, suscriban un Acuerdo Nacional que dé estabilidad a los mercados y garantía de que las cosas van a ser administradas con ecuanimidad”.


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