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28/Abr/2011
 
 
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Opinión Escribe: Rafo León

País Libre (De Transgénicos)

“Mientras no se descarten las alergias, el autismo, el cáncer como consecuencias de su consumo, hay que decir qué se está comprando”.

CONCEPCIÓN, 23 DE ABRIL DE 2011

La política que vi de niño en casa –padre diputado provinciano más recto que una vara de chonta– podía asociarse a expresiones como confiar, aspirar a sentirse bien con los demás, pelear y a la vez comulgar con ideas de otros para llegar a un espacio de bien común. Economía, política, vida social y compromiso individual eran vasos comunicantes, mala costumbre la de proclamar algo mientras se actuaba lo contrario. Metido en mi cama de madrugada en el viejo hotel Huaychulo de Concepción, en la próspera Huancayo, doy vueltas a estas parrafadas quizás por algo que soñé anoche y he censurado. O porque el gobierno de García nos ha engatusado con alevosía al contrabandear la ley que permite el ingreso de las semillas trans, en un momento en el que ¡se debate el futuro del Perú!: fogueado entre las mentiras anticipadas de Keiko y las mentiras anticipadas de Humala.

Toledo fue presionado a finales de su gobierno por Alexander Grobman para que sacara la ley que ahora sacó García. Grobman es el lobista tenaz de Monsanto, la transnacional que controla el mercado mundial de las semillas manipuladas genéticamente. Toledo se hizo el sueco, el tema pasó a manos de Alan. Desde que tomó el cargo de ministro del Ambiente, Antonio Brack se opuso con energía a dicha ley, hablando claro y a coro con gente tan valiosa como Gastón Acurio, Antonieta Gonzales, y autoridades y representantes de comunidades campesinas, que demandan un Perú libre de transgénicos. Pero Monsanto no paga por gusto. Grobman terminó siendo nombrado asesor de Ismael Benavides cuando este tomó la cartera de Agricultura y ahí empezó a gestarse la maniobra. Hoy, con Benavides en el MEF, la cosa fue papayita.

No cabe en esta breve página la lista de cuestionamientos a los transgénicos. Por cosas de trabajo acabo de estar en el sur de España y en el centro de los Estados Unidos. Los supermercados de lugares tan distintos y distantes exhiben la fruta transgénica en los anaqueles más vergonzantes, allí donde compran los homeless su comida barata, en precio y en calidad. En cambio lo orgánico se ofrece con entusiasmo: es sano para ti y para el mundo. A precios más elevados y en muchos casos, con mención al lugar de origen del producto: campos de Normandía, cafetales de Brasil, llanuras de Nueva Zelanda. La sensata utopía de Gastón Acurio, quizás el tema más relevante de los últimos años. Y en esos supermercados, lo que se expende envasado y ha sido manipulado genéticamente, lo dice impreso en letra grande. Es que aún no se conocen los impactos de esos productos en el ser humano. Mientras no se descarten las alergias, el autismo, el cáncer como consecuencias de su consumo, hay que decirle al ciudadano qué hay en lo que está comprando. Pero la ley Benavides/Grobman es tan bananera que hasta eso restringe. Según sus lógicas, no tiene sentido que nos compliquemos la vida, comamos nomás que estamos en un país de muertos de hambre, total hace años que lo venimos haciendo y a nadie se le había ocurrido venir con estas mariconadas de caviar.

¿Y dónde se fueron Keiko y Humala? ¿No que se comprometen a acabar con el hambre en el Perú y a elevar a la vez los estándares de salud humana y ambiental? Tanto técnico, tanto agricultor exitoso, tanta tecnología, honradez y trabajo, tanto independiente que se va de acá para allá a mejorar el plan de gobierno como quien se enrola en la Sierra Maestra, tantas vacas sagradas… que de pronto están dando leche con hormonas y no lo saben. Nunca he apostado por la violencia y menos como un instrumento político de primera instancia. El tema de los trans, sin embargo, ya demanda alguna clase de presión más fuerte que declaraciones y comunicados. No me refiero a matar a nadie ni a romper lunas, pero sí a aprovechar de este momento en el que se deben tocar temas de fondo, para denunciar sin límites lo que está pasando, a los responsables, a los lobistas, a los miserables. (Escribe: Rafo León)


 


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