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Actualidad Lo que no se sabe de la campaña para llevar a Ollanta Humala al poder.

El Ajedrez de los Asesores

Luis Favre, asesor vinculado al Partido de los Trabajadores.

Quienes conocen muy de cerca al matrimonio compuesto por Ollanta Humala y Nadine Heredia definen la sociedad como una “PYME política-familiar”. El entorno del nacionalista se compone de muchos personajes que se han ido colgando a lo largo de los años. Al final queda claro que ambos son quienes toman las decisiones. Y eso incluye la disposición de los consultores de campaña.

Para entender los desafíos actuales resulta conveniente revisar las razones de su éxito en la primera vuelta.

Los famosos asesores brasileños “prestados” por el Partido de los Trabajadores, Luis Favre y Vladimir Galarreta, fueron supuestamente un componente fundamental para la victoria, inesperada hasta pocas semanas antes de las elecciones.

Pero hay un lado de la historia desconocido hasta ahora.

EL DIAGNÓSTICO DE COSTA

En CARETAS 2169 se publicó una entrevista con el uruguayo Luis Costa Bonino. El estratega, cuyas credenciales se encuentran sobre todo en campañas europeas y latinoamericanas de centro izquierda, pronosticó solitario que quienes más tenían posibilidades de pasar a la segunda vuelta eran Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Entonces Alejandro Toledo encabezaba la encuesta de Apoyo con 28%. Humala tenía 12%.

Costa admitió entonces que se encontraba en conversaciones para colaborar con una campaña. La entrevista con CARETAS se realizó el 19 de febrero. A la semana siguiente comenzó a desempeñarse como asesor del matrimonio Humala-Heredia. La atingencia es necesaria, pues el acuerdo con ellos consistió en desarrollar su trabajo por separado de los asesores brasileños (ver recuadro). Durante la primera reunión la pareja señaló que los asesores que tenían no habían sintetizado hasta entonces ningún documento estratégico escrito.

En el último tramo de la asesoría, poco antes de la primera vuelta, Humala le anunció a Costa que al equipo “personal” también se integraría su amigo Ramón Pérez Almodóvar. Se trata de un periodista canario, notorio anticlerical, a quien Humala conoció durante su estancia como agregado militar en París. Pérez Almodóvar trabajó con Humala en el proceso del 2006.

Costa afirma que la estrategia que marcó el despegue de Humala fue delineada por él. En la edición 2173 de esta revista, publicada el 24 de marzo, fue glosado el diagnóstico que elaboró un mes antes, y que ciertamente no fue desmentido por el comando de Gana Perú. A Costa no lo volvieron a llamar después de la primera vuelta (ver recuadro adjunto).

En el centro del razonamiento destacaba evitar los entredichos con los demás candidatos y temas de controversia como los de la reforma constitucional y el cambio del modelo económico. El electorado de “fin de campaña”, como llama a ese 50% o más que decide su voto en las últimas semanas y que resulta mucho más inescrutable para las encuestas previas, se encuentra muy poco interesado en las rupturas.

PRIMERA FASE

Ya resulta una verdad aceptada entre los comentaristas que una de las razones por las que Humala pasó al balotaje estuvo precisamente en su resistencia a enfrascarse en confrontaciones directas con los demás candidatos. La fratricida “guerra civil” entre los candidatos del centro y la derecha hizo el resto.

Pero una revisión de prensa recuerda que hasta principios de marzo último Humala era tan confrontador como siempre. Alertaba de un fraude preparado por Alan García, llamaba “gringo aventurero” a PPK, decía que “nunca había escuchado” a Luis Castañeda, calificaba de “mentiroso” a Alejandro Toledo e ironizaba con que “es ser muy iluso pensar que Alberto Fujimori era el tonto, Montesinos el vivo y la hija la santa”.

Humala acusaba de coimeros a García y Toledo (los desafió a “que digan cuál recibió más comisiones” por la Interoceánica). Despotricaba contra el modelo económico: “había desarrollo en la época de los incas, pero desde ese tiempo el Perú no desarrolla ninguna invención… vivimos de la exportación de materias primas y la mano de obra barata y no somos dueños ni siquiera de nuestras tierras”, declaró, por ejemplo, el 7 de enero. Incluso en la exposición de propuestas organizada por el diario El Comercio el 3 marzo, Humala se refirió, ante la desaprobación de Costa, a la “democracia corrupta”.

En un principio, el candidato nacionalista creía vital hacerle la guerra frontal a Toledo para drenarle votos, mientras que Costa pensaba que la migración se daría de todas maneras por la inevitable caída en las encuestas del ex presidente.

Tanto el uruguayo como Favre y Galarreta insistieron en que el candidato no renegara del actual sistema democrático ni del desarrollo económico alcanzado hasta ahora.

Luis Favre, por cierto, es todo un personaje por su cuenta.

Nacido en Argentina como Felipe Belisario Wermus, dejó el país en 1970 y se cambió de nombre, explicó luego a medios argentinos, por temor a la represión de la dictadura. Luego de varios años en Francia recaló en São Paulo, donde apoyó la formación del Partido de los Trabajadores (PT) y el liderazgo de Lula da Silva. Dejó atrás su filiación trotskista y criticó el sectarismo de los que se quedaron anclados allí. En el 2002 fue el nexo entre el PT y la agencia de publicidad del poderoso Duda Mendonça, quien junto a Edson Santana es el marketero más asociado al éxito de Lula y su sucesora, Dilma Rousseff. Hoy Favre tiene su propia agencia. Su quinta esposa, de la que se separó en el 2009, fue Martha Suplicy, ex alcaldesa de São Paulo.

Favre mantiene silencio sobre su participación en la campaña de Humala y solo cuelga links de artículos sobre la misma en su blog, donde también recomienda videos de música clásica e interpretaciones de Juan Diego Flórez en YouTube.

Según escribe Álvaro Vargas Llosa en La República, “un estadista latinoamericano que tiene cómo saberlo acaba de asegurar en una reunión privada con un gran grupo mediático europeo: Me consta personalmente: Ollanta no seguirá la línea de Chávez”. Todo indica que se refiere a Lula, en reciente encuentro con los directivos del grupo Prisa (El País) en Madrid.

Igual que Costa Bonino, Favre representa una izquierda evolucionada y democrática. Pero la pregunta de fondo no está en los asesores de campaña que son ajedrecistas agudos y pasajeros. Al final persiste la duda sobre lo que el candidato piensa en realidad. Y ese es el que juega toda la partida. (Enrique Chávez)


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